La China, la depuradora que revolucionó la higiene de Madrid

La depuradora lleva 65 años limpiando el agua residual de 1,33 millones de madrileños

A comienzos del siglo XX, el río Manzanares, a su paso por Madrid, era un constante foco de infecciones y epidemias. Los madrileños veían cómo de forma periódica se sucedían los brotes de fiebres tifoideas originadas por los alimentos que se consumían, procedentes de las huertas que abastecían la ciudad y que se regaban con el agua contaminada del Manzanares. Pero, ¿por qué estaban contaminadas? La respuesta es sencilla: al río se vertían directamente las aguas residuales del millón de habitantes de la capital.

La llegada de La China fue toda una revolución. Tuvo una doble vertiente, tanto “ambiental” como “sanitaria”, ya que erradicó los brotes infecciosos y mejoró la calidad del agua del río Manzanares, explica Jesús López Gómez, subdirector general de Gestión del Agua del Ayuntamiento de Madrid. La situación del Manzanares, además, venía marcada por su cauce, ya que tiene “un caudal muy escaso que impide que se produzca la autodepuración”, por lo que la planta se ha convertido en algo fundamental, relata López. “Hay ríos más caudalosos que no tienen estos problemas de contaminación, ya que el agua que se vierte se mezcla y acababa depurándose, pero el caudal del Manzanares es tan escaso que una cuarta parte del agua procede actualmente de las plantas depuradoras”, añade.

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