La importancia del tratamiento de aguas residuales en el futuro

La población mundial crece cada día a un ritmo vertiginoso. Según los últimos informes de las Naciones Unidas, existen cerca de 7.500 millones de personas en La Tierra

Entre todas estas, se estima que el 60% tiene problemas con el acceso al agua de forma regular. Considerando que para 2050 el estimado de la población oscilará entre los 9.200 millones, no se espera que la situación con respecto al suministro del vital líquido mejore.

En vista de esta realidad, la conciencia social se ha sumado a reconocer el valor del agua. Uno de los mejores ejemplos de ello es el uso y la popularidad de los mecanismos de tratamiento de aguas residuales.

La reutilización de las aguas residuales

El cambio climático, la actividad nociva de las industrias, la contaminación de las aguas y las catástrofes naturales son solo algunos de los factores que han incidido en la toma de conciencia con respecto a preservar el agua. Uno de los mejores métodos de lograrlo es a través de la reutilización de las aguas residuales. Estas, en términos generales, son aquellas que ya han atravesado un proceso de uso y necesitan de condiciones y métodos especiales para favorecer su tratamiento.

Aunque después de que hayan sido tratadas no serán aguas óptimas para el consumo, sí lo es para recargar los inodoros, lavar los coches, la vivienda y más comúnmente para el jardín (la FAO, de hecho, recomienda especialmente este último uso debido a los nitratos y sulfatos que se conservan y que resultan beneficiosos para las plantas).

Aunque el mecanismo es más complejo, generalmente la instalación de esto se lleva a cabo a través de fosas prefabricadas que cuentan con un filtro biológico. Este se encarga de depurar por completo las aguas grises para tratarlas de forma efectiva. Las fosas sépticas, de esta forma, son el futuro de una sociedad ecológica con miras en un consumo racional y biológicamente sostenible.

Métodos para reutilizar aguas residuales

Existen muchos métodos para tratar las aguas residuales. La mayoría de estos consisten en procesos físico-químicos, físicos o biológicos que contribuyen a eliminar las bacterias, patógenos y residuos que contienen. Principalmente, se pueden describir tres tipos de reutilización que se pueden implementar para favorecer al uso racional del agua:

  • Reciclaje de aguas grises: las aguas grises son básicamente las que provienen del lavabo, de la ducha o de los baños. Por su condición, pueden ser tratadas con un mínimo esfuerzo y con ayuda de simples aparatos que se pueden instalar fácilmente. Estos se instalan en el lugar correspondiente y ayudan a reutilizar el agua en sitios específicos. Todo esto genera un ahorro del consumo del agua hasta de un 40% lo cual, además de los beneficios ecológicos, también traerá beneficios en el bolsillo de las familias.
  • Captación de aguas pluviales: especialmente útil en zonas donde suele llover con regularidad, ya que este sistema consiste en recoger las precipitaciones y almacenarlas para después aprovecharlas en el uso diario. Aunque puede implementarse de forma natural, también existen métodos con contenedores especiales que contribuyen a una recolección más eficaz y sana. En función del lugar, también se puede optar por la captación fluvial.
  • Tratamientos de aguas residuales: el cual se ha hecho hincapié en los párrafos anteriores debido a la cotidianidad con la cual estas aguas son desechadas. La purificación y filtración de estas aguas se llevan a cabo en una fosa séptica que integra un mecanismo de doble decantación. El volumen de estas varía de acuerdo con las necesidades de la familia o la comunidad que las necesite, adaptándose casi a cualquier circunstancia.

Así, y tomando como referencia una familia de cuatro personas, el consumo diario del vital líquido puede oscilar entre los 600 y los 650 litros durante el día. Implementando en conjunto los métodos que se han reseñado, se puede reducir esta cifra a la mitad. En resumidas cuentas, los beneficios adicionales de su instalación son los siguientes:

  • Se logra una independencia del suministro de agua. En caso de intermitencias del suministro del líquido, estos métodos pueden hacer la diferencia entre la comodidad y el desespero.
  • En algunas zonas se pueden otorgar subvenciones a quienes usen métodos innovadores como los señalados.
  • Se reduce la contaminación masiva de aguas limpias en zonas verdes.
  • La vida útil de estos sistemas se cuenta por años y la inversión realizada es significativamente menor que la que se recibe a lo largo del tiempo.
  • En el caso puntual de las jardineras, se reduce también el uso del abono en vista de la calidad del agua con el cual son regadas.

Otro punto a tener en cuenta es que el agua es un recurso no renovable cuando no se controla debidamente su distribución y consumo en el planeta. La rápida degeneración de los sistemas naturales en la Tierra ha contribuido que cada día se sumen cientos y cientos de personas a la causa de un uso racional. En el futuro, así, se verá lo efectivo que ha sido el cambio del modelo consumista que durante tantas décadas se instauró (y aún se mantiene) en las sociedades modernas.

Fuente: Diari de Tarragona