La entrada continua de agua del Mediterráneo frenó la expansión de la ‘ova’ verde en el Mar Menor

Los factores atmosféricos influyen de forma importante en la laguna al regular el intercambio de agua entre los dos mares, un flujo que está estudiando un equipo de Ingeniería Química y Ambiental de la UPCT para conocer los fenómenos hidrodinámicos en las golas

El estado del Mar Menor depende mucho de los parámetros atmosféricos. El viento en la laguna evita que se estratifique la columna de agua y la presión atmosférica incide de forma importante en el intercambio de agua entre la laguna y el mar Mediterráneo a través de las golas. Cuando se mantiene un anticiclón sobre la Región, que produce altas presiones con varios días de sol seguidos, la columna de aire de la atmósfera pesa más y empuja la columna de agua del Mediterráneo hacia abajo, provocando un desnivel de pocos centímetros que logra una corriente de salida de agua del Mar Menor. En el efecto contrario, cuando hay borrascas y bajas presiones, la columna de aire pesa menos y el nivel del Mediterráneo sube y la laguna recibe sus aguas por las golas.

Esta dependencia de los parámetros atmosféricos que provoca el flujo de agua entre los dos mares fue un ‘salvavidas’ para el Mar Menor este verano. Todos los pronósticos desde principios de año aventuraban un pésimo estado de la laguna para el verano, y la alerta llegó cuando se detectaron las primeras proliferaciones de algas fitoplanctónicas en el norte del Mar Menor y en distintos puntos de La Manga en febrero. La biomasa u ‘ova’ verde que inundó un gran número de playas de la laguna, sumado a la descomposición continua de estas algas que provocó fangos y secos, fue la imagen predominante que generó malestar vecinal, disputa política y la desesperación de todos los colectivos y asociaciones que defienden la protección del Mar Menor.

Frente a esto, los fenómenos hidrodinámicos estudiados por el laboratorio de Ecosistemas del Departamento de Ingeniería Química y Ambiental de la Universidad Politécnica de Cartagena, con el investigador Javier Gilabert al mando, explican que la entrada continua de agua desde el Mediterráneo durante varias semanas previas al verano frenó la expansión de la ‘ova’ al equilibrar los niveles de salinidad que los episodios de DANA habían desestabilizado por la entrada de agua dulce. La subida de la salinidad sirvió como barrera e impidió que, más allá de las aguas someras del litoral, toda la laguna se llenara de biomasa.

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