La burbuja del Regadío: el caso del Mar Menor

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Campos de cultivo de regadío creados ilegalmente en un espacio protegido de la Red Natura 2000, en el Campo de Cartagena (Murcia) © Pedro García / ANSE

Un informe de WWF y ANSE sobre la evolución de los regadíos entorno al Mar Menor

La expansión del regadío y las malas prácticas agrícolas esta identificadas como una de las causas principales del proceso de eutrofia que el Mar Menor sufre en estos momentos y que ha afectado incluso a los objetivos de conservación de la Red Natura 2000. En este sentido, las medidas adoptadas por la Administración Regional desde 2001 para atajar el problema de los nitratos no han conseguido evitar la eutrofia de la mayor laguna del litoral ibérico.

El funcionamiento ilegal de desaladoras, estimadas en más de un millar por las mismas administraciones, agravó el problema, y sus vertidos a través de salmueroductos y drenajes favorecieron la llegada de elevadas cantidades de nitratos al Mar Menor, con la tolerancia de las administraciones competentes hasta el año 2017.

Por otro lado, el acuífero del Campo de Cartagena ha estado descargando al Mar Menor volúmenes de agua contaminada por nitratos muy superiores a las cifras oficiales.

La aportación de nuevos caudales adicionales a los del trasvase Tajo-Segura, como los procedentes de depuradoras, pozos y desaladoras impulsadas por la administración estatal, han contribuido a la creación de nuevos regadíos y a la legalización de otros ilegales y/o con autorizaciones en precario, en lugar de cubrir los déficit indicados en los sucesivos planes de cuenca.

Dentro de las metodologías que se han barajado, la teledetección resulta una herramienta útil a la hora de analizar la evolución de la superficie de regadío, pero no resulta adecuada para la contabilidad exacta de la extensión total debido a las limitaciones en la detección de algunos usos, que resultan subestimados. Aun así, en los últimos 40 años, la superficie de regadío estimada por teledetección en el ámbito del Mar Menor se ha multiplicado casi por 10.

Los datos del Sistema de Información Geográfica de Parcelas Agrícolas (SIGPAC)suponen una buena información oficial de base para la determinación del regadío total, detectándose parcelas declaradas/identificadas como regadío (“Cítricos” y “Tierra arable regadío”) fuera de los derechos de aprovechamientos de aguas. Estas parcelas se encuentran tanto en el entorno inmediato del Mar Menor, como en el piedemonte de las Sierras, así como en el extremo occidental de la cuenca.

A través de los sucesivos planes de cuenca y a pesar de las directrices incluidas en los diferentes documentos de planificación hidrológica, las Unidades de Demanda Agraria (UDA) existentes en el ámbito del Mar Menor han incrementado su superficie en 12.839 ha de regadío bruto y de 8.743 ha de regadío neto desde 1997. La delimitación de las UDA no obedece, en determinados casos, a criterios agronómicos, estando incluidas extensiones de vegetación natural y forestal incluso en el interior de áreas protegidas. Las UDAs, así mismo, incluyen superficie sin derechos de riego pero que podría llegar a obtenerlos bajo determinadas circunstancias. A pesar de esta ampliación, se han detectado 4.518,12 ha de regadío adicionales fuera de las UDA.

En la cuenca de drenaje hacia el Mar Menor se han detectado 49.488,17 ha de regadío de las cuales sólo 37.322,99 ha estarían recogidas en los derechos de aprovechamiento de aguas. Por tanto, 12.165,18 ha de regadíos quedarían fuera de los límites establecidos por la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS).

A partir de la aprobación del último Plan de Cuenca, y posteriormente a la prohibición del uso de desaladoras por parte de la CHS y la eliminación de los canales de drenaje de salmueras al Mar Menor (actuaciones durante los años 2016 y 2017), se han seguido produciendo roturaciones dentro y fuera de espacios de la Red Natura 2000 y UDAs para nuevos regadíos en la cuenca de drenaje hacia el Mar Menor.

La actual situación es claramente insostenible. El modelo de agricultura de la zona está acabando con los recursos naturales de la zona, los ecosistemas y los servicios que prestan a la sociedad, poniendo en riesgo no sólo la biodiversidad de la laguna litoral sino la calidad de vida de los habitantes de la zona y el tejido socioeconómico. Así mismo, pone en riesgo el futuro del propio sector agrícola, dependiente de recursos escasos y cada vez más limitados por el impacto del cambio climático.

En estas circunstancias, ANSE y WWF consideran necesaria la acción coordinada de todos los actores implicados en la zona para solventar un problema que atañe a todos, si bien cabe destacar el rol de la Confederación Hidrográfica del Segura: es imprescindible que plantee una moratoria a nuevos regadíos en el entorno del Mar Menor, y acabe con el uso ilegal del agua, cortando el acceso de las fincas sin derechos al agua desalada, cerrando todos los pozos,  desaladoras y salmueroductos ilegales y aumentando el control del consumo de agua de las fincas con derechos. Así mismo, es urgente revisar las concesiones de agua existentes para adaptarse a los recursos disponibles considerando el impacto del cambio climático en el Segura y en el Tajo, y fomentar y facilitar el buen uso de agua de los agricultores legales.

Prólogo del informe La Burbuja del Regadío: El Caso del Mar Menor