¿Quién paga mi vaso de agua?

Kiosko de agua en Jacmel (Haití), adonde acude la población que no tiene suministro en casa. /
PABLO LINDE

Financiar todo el ciclo del agua es uno de los retos para los países en desarrollo. En Latinoamérica exploran varias alternativas

Quizás porque cae del cielo, la mayoría de la población del mundo se ha acostumbrado a pagar por el agua menos de lo que cuesta. El proceso de recogida, tratamiento, distribución, su impacto ambiental, el posterior saneamiento, las infraestructuras necesarias…El dinero para sufragar todo esto no viene de las nubes. Es frecuente que el ciclo sea, en mayor o menor medida, subvencionado por las distintas administraciones de los Estados, algo que no todos pueden permitirse. ¿La consecuencia? El 40% de la población mundial carece de un abastecimiento adecuado. Uno de los grandes debates que estuvo presente en muchas de las charlas del Foro Mundial del Agua, que se celebró el pasado marzo en Brasilia, fue el de las soluciones para pagar el agua y todas las infraestructuras que hacen posible que salga del grifo.

La Unión Europea, en su Directiva marco del agua —por poner un ejemplo en un contexto desarrollado— establece que el precio debe permitir recuperar todos los costes, incluidos medioambientales. Para esto es necesario que quien usa el agua la pague, lo que además desincentiva el derroche. Esto no siempre se cumple, como ocurre en España. “En general, la ciudadanía tiene un importante desconocimiento del precio del agua, en parte porque históricamente ha estado fuertemente subvencionada y no se ha puesto en valor el coste de su ciclo”, advierte un informe de la Fundación Aquae.

En Latinoamérica, con mucha más cantidad de líquido disponible —el 30% del agua dulce del mundo está en la región, que solo concentra al 8% de la población—, pero menos infraestructuras, las inversiones necesarias para construirlas y abastecer sobre todo a las áreas rurales hacen que la tarifa “no pueda” cubrir estos costes, según Ronald Arce, investigador de la escuela de negocios Incae. “La abundancia hace que pensemos que es gratis, no nos hemos acostumbrado a pagarla. Necesitamos esquemas diferentes de financiación”, asegura. En el foro se analizaron varias alternativas, como un canon a las empresas que usan el agua como insumo, o los fondos del agua, que son inversiones público-privadas.

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