Israel, Cisjordania y Jordania compiten por el agua del Jordán y sus aguas subterráneas, lo que causa tensiones pero, al mismo tiempo representa una oportunidad para una estrecha cooperación.

Israel, Cisjordania y Jordania compiten por el agua del Jordán y sus aguas subterráneas, lo que causa tensiones pero, al mismo tiempo representa una oportunidad para una estrecha cooperación.

El Jordán, uno de los ríos con más historia en Oriente Próximo, está desapareciendo. El afluente más importante para el Mar Muerto se ha convertido en un riachuelo, y el nivel del agua baja a ritmo de un metro al año.

La organización medioambiental Friends of the Earth Middle East (FoEME) informa al respecto que los países vecinos al río están desviando el 98 por ciento de su agua. Israel, Jordania, los territorios palestinos y Siria compiten por el agua del Jordán y las fuentes de agua subterránea de la región.

Un bien escaso

Estrés hídrico”, así denominan los expertos la situación en la que se encuentran estos países. Ines von Dombrowsky del Instituto Alemán de Política de desarrollo (DIE, por sus siglas en alemán) explica: “Hasta ahora, la escasez de agua en la región no se explica solamente por el cambio climático“. La región siempre ha sido seca, y el consumo de agua es alto. Además, la población está creciendo de forma muy rápida, un dos o tres por ciento cada año. Sin embargo, a largo plazo sí será el cambio climático el que agudizará el problema del agua, opina Ines von Dombrowsky.

El proyecto “GLOWA Jordan River” ha investigado la intensidad del impacto del cambio climático en la cuenca del Jordán. El proyecto reúne científicos de Jordania, Israel, Palestina y Alemania. Uno de ellos es Jens Lange de la Universidad de Friburgo. “Los recursos de agua disminuirán“, explica Jens Lange sobre los resultados de la investigación. “Como en toda la región mediterránea, las precipitaciones disminuirán, mientras que la evaporación aumentará“.

Una distribución desigual

 

Los vecinos del Jordán desvían casi completamente el agua del río.

Además, el acceso al agua está distribuido de forma desigual. Mientras para la población palestina la falta de agua corriente representa un problema, las urbanizaciones judías a pocos kilómetros cuentan con piscina y riegan sus campos con sistemas de aspersión. La organización para la defensa de los derechos humanos Amnistía Internacional calcula que un palestino dispone de una media de 70 litros de agua al día, mientras que a un israelí le corresponden cerca de 300 litros. El gobierno israelí impone reglas estrictas a la población palestina: para la construcción de nuevos pozos necesitan el permiso de las autoridades israelíes, un permiso que pocas veces es concedido.

“En Cisjordania, el agua no es escasa por naturaleza, al sur del país hay suficiente agua“, comenta Amjad Aliewi, palestino, experto en aguas y profesor en gestión de aguas subterráneas. “Es la política de ocupación de Israel la que convierte el agua en un bien escaso para los palestinos“, añade. A los palestinos, muchas veces no les queda otro remedio que comprar el agua de Israel a precios muy elevados. Clive Lipchin, director de la organización de medio ambiente israelí “Arava Institute“, comenta: “Es verdad que los palestinos reciben menos agua, pero también utilizan menos.“ Según él, sólo un acuerdo vinculante podría resolver este problema.

Proyecto “Red-Dead”

 

La distribución desigual de los recursos de agua en la región.

“Con el proyecto “Red-Dead“ se intenta aportar una solución para este problema: un canal del Mar Rojo hasta el Mar Muerto. De esta forma, el agua del Mar Rojo podría fluir a través de una canalización de 177 km al Mar Muerto. Al mismo tiempo, se quiere generar energía hidroeléctrica, ya que el Mar Rojo está ubicado a una altura que es 417 metros superior a la del Mar Muerto. De esta manera, se espera poder matar dos pájaros de un tiro: rellenar el Mar Muerto y abastecer a la región a lo largo del canal con agua del Mar Rojo tras su desalinización.

Pero aún se desconocen los nuevos problemas que podría crear este enorme proyecto iniciado por los gobiernos vecinos, cosa que se quiere sondear en estudios de viabilidad. El Servicio Geológico de Israel (Geological Survey of Israel) advierte que el equilibrio ecológico, ya de por sí perturbado, podría sufrir aun más por la diferente composición del agua del Mar Rojo. Además, según el experto en aguas, Amjad Aliewi, el canal solo esquiva el problema. “La solución natural sería desviar menos agua del Jordán“. Otro problema potencial es que la ruta del canal se encuentra en una zona sísmica. Si se rompen las canalizaciones durante un terremoto, el agua salada podría contaminar las aguas subterráneas.

El mar como fuente de agua

 

La planta de desalinización más grande el mundo en Hadera, Israel.

Israel entretanto ya aprovecha su ubicación a orillas del mar mediterráneo para obtener agua adicional mediante desalinización. El país tiene ya tres plantas de desalinización en funcionamiento. El 30 por ciento del agua utilizada en los hogares es agua marina desalada y se tiene planeado incrementar el porcentaje en el futuro: “La adaptación a la escasez del agua está yendo a toda máquina“, dice Clive Lipchin del Arava Institute: “Nuestro objetivo es cubrir para el año 2020 hasta un 80 por ciento de las necesidades de los hogares con agua desalada.“

Pero, incluso la desalinización tiene sus desventajas: el proceso consume mucha energía. “De momento, las plantas funcionan con energía fósil, lo cual significa que contribuyen al cambio climático“, explica Clive Lipchin. Se están planificando dos plantas adicionales de desalinización convencional. Sin embargo, en el futuro será posible operar estas plantas con energía solar.

Autora: Brigitta Moll / CS

Editor/a: Lydia Aranda Barandiain

Fuente: http://www.dw.de/dw/article/0,,16165519,00.html