Estado y necesidad del uso eficiente de un recurso escaso

El 71% de la corteza terrestre está cubierta por agua. De este porcentaje, el 96,5% se localiza principalmente en océanos, el 1,74% en glaciares y casquetes polares, el 1,72 en depósitos subterráneos (acuíferos), permafrost y glaciares continentales, y por último el 0,04% restante se reparte en orden decreciente entre lagos, humedad del suelo, atmósfera, embalses, ríos y seres vivos.

 

76dcf2dd6f5d0ecc7c4268e1d85f487f_LEstado y necesidad del uso eficiente de un recurso escaso.

 

El 71% de la corteza terrestre está cubierta por agua. De este porcentaje, el 96,5% se localiza principalmente en océanos, el 1,74% en glaciares y casquetes polares, el 1,72 en depósitos subterráneos (acuíferos), permafrost y glaciares continentales, y por último el 0,04% restante se reparte en orden decreciente entre lagos, humedad del suelo, atmósfera, embalses, ríos y seres vivos. A su vez, del total mundial, solamente el 2,5% es dulce. Esta, que sería la consumible, no es completamente accesible.

El agua representa entre el 50 y el 90% de la masa de los seres vivos (aproximadamente el 75% del cuerpo humano es agua). Se ha estimado que los humanos consumen «directamente o indirectamente» alrededor de un 54% del agua dulce superficial disponible en el mundo. Este porcentaje se desglosa en: Un 20%, utilizado para mantener la fauna y la flora, para el transporte de bienes (barcos) y para la pesca, y el 34% restante, utilizado de la siguiente manera: El 70% en irrigación, un 20% en la industria y un 10% en las ciudades y hogares.

Es de público conocimiento el estado crítico a nivel mundial de este recurso. En el siglo XX, el consumo global de agua aumentó seis veces entre 1.900 y 1.995, más del doble de la tasa de crecimiento de la población. Las captaciones de agua para el regadío se han incrementado un 75% desde 1.960.

Los recursos naturales se han vuelto escasos con la creciente población mundial y las principales potencias mundiales buscan manipularlos y apropiárselos.

Frente a este panorama, debemos situarnos en nuestra realidad. Mendoza tiene experiencia en la cuestión del agua. Esto es fácil de entender si se reconoce que, con una superficie de más de 150.000 Km2, la mayor parte de su territorio tiene una precipitación menor a los 200 mm anuales.

Después de 400 años de colonización del desierto, se cuenta con casi 360.000 has regadas y un empadronamiento para todos los usos, de 700.000 has.

Si recorremos la Provincia de norte a sur, podemos observar que el territorio está surcado por cinco ríos de diferentes caudales. Estos son: el río Mendoza, el Tunuyán, el Diamante, el Atuel y el Malargüe.

La larga práctica de uso del recurso hídrico, determinó que el extenso territorio se fuera poblando de obras de aprovechamiento hidráulico desarrolladas en diferentes períodos.

Hoy podemos observar en distintos medios de comunicación la noticia de una importante crisis hídrica, lo cual es cierto, pero debemos tener en claro que el principal problema es la falta de políticas concretas, con respecto al uso del agua.

Si la propaganda actual hace hincapié en el consumo doméstico (el cual significa el 10%), cuesta entender la falta de políticas entorno al uso agrícola y minero, si estos utilizan el 70% del recurso escaso.

Debemos tener un desarrollo sustentable. Satisfaciendo las necesidades del presente sin comprometer a las futuras generaciones.

Actualmente la provincia cuenta con cerca de 10.000 km de canales de riego. Donde sólo el 30% está impermeabilizado. Debido a la deficiente política en el tratamiento del agua se pierde el 60% (!) en evaporación y filtración.

Sería de suma importancia que el Estado creara un sistema de riego entubado y reforestara. La reforestación produce más lluvia, mejorando el clima y la tierra para su cultivo.

Los recursos para modificar esta estructura podrían ser obtenidos, por ejemplo, de la explotación minera. Donde el Estado provincial funde un empresa mixta que se encargue de arrancar riquezas desde el seno de la tierra (protegiéndola y logrando que su impacto ambiental no sea negativo), poniendo esta actividad extractiva al servicio de la provincia y no de capitales internacionales.

La reconversión de la renta minera en el mejoramiento del clima y el suelo, colaboraría directamente en el mejoramiento estratégico del agua y en su uso agroindustrial.

La producción de alimentos y fibras vegetales requiere la mayor proporción de agua dulce de origen natural para consumo humano, cerca del 70% del agua que se extrae.

De aquí nace un elemento importante para analizar, el mercado del «Agua Virtual». Esto se da cuando un país importa alimentos, el cual está además importando la cantidad de agua utilizada en su producción. Este proceso se da a la inversa cuando exporta un producto.

Actualmente se estima que el 61% del comercio global de «agua virtual» está relacionado con la comercialización internacional de cultivos; el 17%, con el comercio de ganado y productos cárnicos como queso, leche y huevos, y el 22% restante, con el comercio de productos industriales.

Para que un productor del Valle de Uco pueda producir una sola manzana necesita 70 litros de agua. Para que un ganadero del árido Alvear pueda producir un kilo de vacuno industrial necesita de 15.500 litros.

Es más que evidente, también en esto, la conveniencia de parte de los países centrales en que persistamos en una economía primaria.

El Agua tiene un gran valor estratégico y es un derecho como también una responsabilidad. Debemos exigir al Estado que tome decisiones soberanas en el marco de nuestra realidad sobre los recursos naturales.

Este artículo ha sido publicado en www.rinacional.com.ar