Con sol basta para tener agua (no para malgastarla)

Hadje Gombo

Hadje Gombo, junto a su sistema de regadío en el Lago Chad (Chad). C. L

Un foro internacional debate sobre las ventajas y los problemas de utilizar placas solares para hacer funcionar sistemas de regadío en países en desarrollo

A Hadje Gombo, tener una bomba de agua le ha cambiado la vida. A ella y a sus compañeras, un grupo de mujeres (y algunos hombres) que tuvieron que dejar su hogar y moverse a otra zona del Lago Chad por la violencia de Boko Haram. Los habitantes del lugar les facilitaron el terreno, pero la bomba de agua a motor es lo que les ha permitido mejorar el riego, multiplicar sus cosechas y obtener ingresos para mantener a sus familias. Aun así, el combustible para hacerla funcionar se lleva una parte importante de las ganancias.

Ya en los setenta se desarrolló una solución alternativa, con menos costes operativos (prácticamente cero) y además, menos contaminante: la irrigación por energía solar. Al funcionar no emite gas de efecto invernadero alguno y, contando con su instalación, reduce entre el 97 y el 98% las emisiones de una bomba diesel, y entre un 95% y un 97% las de una bomba conectada a la red eléctrica. Esta última opción, además, es una utopía para pequeños agricultores como Gombo, en África y en muchas otras partes del mundo, con suministro eléctrico inexistente o muy poco fiable. 

La FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura) acoge estos días en su sede en Roma un foro internacional sobre el uso de la energía solar para la agricultura de pequeña escala y la gestión del agua. La expansión de esta tecnología, han coincidido los expertos, puede dotar a los agricultores familiares de los países en desarrollo de independencia energética y recortar sus gastos de combustible.

“El problema principal es la financiación inicial, la de la compra e instalación”, ha apuntado Hans Hartung, autor de un estudio hecho público este jueves sobre los beneficios y riesgos de esta tecnología. Por la tarde, distintas empresas y start-ups han presentado sus propuestas para facilitar la financiación de estos sistemas de forma que sean asumibles por los pequeños agricultores en países com Kenia, India o Tanzania.

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