Estaciones depuradoras: donde el agua recibe una nueva vida

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El objetivo es que el agua residual regrese a la naturaleza en el mismo estado en el que fue tomada

El enemigo son las toallitas, pero también los bastoncillos para los oídos, los artículos de higiene personal o, en definitiva, todo lo que no responda a las tres ‘pes’ con las que, con una buena dosis de sorna, denominan los responsables de Canal de Isabel II el “pis, popó y papel higiénico”, las “materias primas mejor recibidas” en la rutina de una planta depuradora de agua.

La tarea de estas instalaciones es necesaria y vital en nuestra sociedad. Es un trabajo que combina la tecnología y la economía circular, en un proceso en el que pocas veces se piensa cuando accionamos la cisterna o cuando abrimos un grifo. El ciclo del agua es algo desconocido, pero fascinante, porque el líquido que sale de nuestras casas recorre un camino que le devuelve una nueva vida de la que todos nos aprovechamos y que el medio ambiente agradece de forma especial. El objetivo es que, al menos, el agua residual regrese a la naturaleza en el mismo estado en el que fue tomada o se derive, tras un tratamiento adicional, a usos que no precisan de agua potable.

Todo eso ocurre en las plantas depuradoras. Canal de Isabel II tiene 157 estaciones depuradoras de aguas residuales (o EDAR) repartidas por la Comunidad de Madrid, con las que dan servicio a toda la población. Una de las más representativas es la de Arroyo Culebro Cuenca Media-Alta, una instalación con capacidad para atender las necesidades de hasta 1.200.000 habitantes. Su emplazamiento le permite recoger y tratar los líquidos de desecho que llegan de parte de los municipios vecinos: Pinto, Getafe, Leganés, Fuenlabrada y Parla.

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