La Europa que viene: agua 100% pública

Tubos del trasvase del Tajo al Segura a su paso por una de las pedanías de Orihuela / ROBERTO PÉREZ -El Mundo

El modelo de gestión hídrica de los países mediterráneos está quedando en entredicho ante la escasez de recursos y la sequía estructural

Las cada vez más frecuentes sequías periódicas que sufre el arco mediterráneo español y el resto del sur de Europa han dejado de considerarse hechos coyunturales en las instituciones europeas. Los problemas hídricos que afectan a provincias como Alicante son ya percibidos como «estructurales». El estado de la cuenca del Júcar, y sobre todo la del Segura, se han convertido en una problema a escala continental, lo cual no impide, que el modo de abordar la búsqueda de soluciones sea muy diferente dependiendo de las regiones europeas desde las que se analice.

La política española lleva veinte años dividida entre los defensores de los trasvases y los defensores de las desaladoras. Un enfrentamiento que tuvo su punto álgido en 2004 cuando la entonces recién elegida ministra socialista Cristina Narbona derogó el planificado -y consensuado en tiempo del popular José María Aznar- trasvase del Ebro. Su gabinete, asesorado por la Fundación Nueva Cultura del Agua, también hizo otros cambios drásticos de política como el de la toma del trasvase Júcar-Vinalopó desde la cabecera de la cuenca en Cortes de Pallás a la desembocadura del río en Azud de la Marquesa, en Cullera.

En Europa, esos cambios fueron vistos con buenos ojos. Los sectores antitrasvasistas son más fuertes en el continente en relación directamente proporcional con la influencia de los grupos ecologistas.

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