¿Es posible provocar o evitar la lluvia?

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Los resultados de los experimentos realizados hasta ahora son raquíticos y poco rentables

Una de las leyendas urbanas más asentadas en nuestro entorno rural es que cuando hay nubes vienen unas avionetas y las roban para que no llueva. De hecho, hemos llegado a ver manifestaciones y Ayuntamientos organizando recogidas de firmas para que las detengan.

¿Quién quiere robar la lluvia?

Aquí hay diferentes teorías, a cual más peculiar. Lo más típico es culpar al pueblo de al lado, que quiere la lluvia para él, o a los agricultores de otros cultivos, a quienes una lluvia en época de recogida les podría estropear la cosecha. Hay teorías más elaboradas que culpan a las compañías de seguros, que tratarían de evitar que cayera granizo para no pagar indemnizaciones. ¿Tiene base alguna de estas afirmaciones?

Le debemos al meteorólogo Lorenz la afirmación de que el aleteo de una mariposa en Costa Rica puede ocasionar un tornado en Texas. Lo que quería expresar en esta frase es que la atmósfera es un sistema tan complejo que su comportamiento es caótico y por eso fallan tanto las previsiones. Si saber qué tiempo va a hacer es complicado, manipularlo es muy difícil, pero no imposible. Tratar de controlar el tiempo atmosférico ha sido una constante de la civilización, aunque durante milenios todo lo que se podía hacer eran ofrendas o rogativas a diferentes dioses o santos.

El Ejército de Estados Unidos, que le acogió con interés los trabajos del premio Novel, Irving Langmuir, que se atribuyó notables éxitos, como provocar lluvias torrenciales en Nuevo México, la mayoría de esos fenómenos podían ser explicados por causas naturales, por lo que el proyecto se olvidó… hasta la guerra de Vietnam.

Vietnam es una selva lluviosa y los americanos quisieron aumentar el nivel de lluvias, para que las pistas se convertirían en impracticables y bloquear el transporte. Con esta finalidad se creó el proyecto Popeye. Se realizaron 2.602 vuelos y 47.409 descargas de yoduro de plata con el fin de intensificar la acción de los monzones sobre las rutas del Vietcong. La filtración de los famosos papeles del Pentágono dio al traste con el proyecto. El coste fue de más de 20 millones de dólares de la época, y el resultado, tan pírrico que era dudoso que el Vietcong se hubiera percatado de que llovía un poquito más.

Se han seguido utilizando estas técnicas, como cuando la URSS trató de impedir que las nubes cargadas de radiactividad de Chernóbil llegaran a Moscú, o cuando China sembró nubes para que la lluvia no desluciera la inauguración de los Juegos Olímpicos de 2008. Sin embargo, el coste es altísimo y los resultados ridículos.

Por tanto, ante la falta de lluvia no culpen a las avionetas, sino al clima o, sin son creyentes, al santo patrón de la localidad. 

Fuente: EL PAÍS