Entre plaguicidas y nitratos ¿es segura el agua que bebemos?

La Química, amigos, no es el problema, es la solución, pero para que el desarrollo que propicia sea sostenible estamos obligados a tomar decisiones ingratas

La persistencia del problema de los nitratos en aguas potables y las periódicas alertas por la detección de plaguicidas en los acuíferos de algún punto de nuestra geografía hacen preguntarse legítimamente al ciudadano si el agua que bebe es sanitariamente segura.

Hay hombres y mujeres en nuestro Colegio que conocen la calidad de los acuíferos casi pozo por pozo y nos aseguran que no hay nada que temer. Pero esto no significa que la gestión que está haciendo la Generalitat para acotar este problema esté siendo eficaz ni mucho menos sostenible.

Vamos por partes:

Los nitratos se empezaron a detectar a finales de los años setenta del pasado siglo. Son, por lo tanto, un viejo enemigo, predecible, detectable con tecnología analítica de dificultad baja y bastante localizado, pero terriblemente persistente y acumulable. Lenta pero inexorablemente, avanzan.

Los plaguicidas (y especialmente los herbicidas) plantean, en cambio, problemas de campo equivalentes al que enfrentaron los norteamericanos en Vietnam: un adversario difícil de detectar que nunca sabes exactamente por dónde ha venido, que te enfrentas a varias generaciones (porque estas especies químicas se degradan en el medio generando nuevos tóxicos) y, lo que quizá sea peor: cuando creías haberlos erradicado, vuelven misteriosamente. La buena noticia es que los más recientes son biodegradables y tienen por lo tanto un plazo de extinción cierto.

Este problema es particularmente grave para los municipios que geográficamente no forman parte de área metropolitana de Valencia (la ciudad y la comarca de l´Horta) o del sistema de La Ribera donde disponen de ETAPs para el tratamiento de aguas superficiales procedente de los ríos Turia y Júcar.

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