El alquimista del agua

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Ingeniero Enrique Veiga, inventor del generador de agua

Un ingeniero español inventa una máquina capaz de sacar agua del aire, condensando el vapor que contiene

Convertir el agua en vino, como dicen que hizo Jesucristo en las bodas de Caná, no está mal, pero no deja de ser un acto fútil para garantizar el éxito de una fiesta. Transformar el aire en agua, eso sí que tiene mérito. Y lo ha hecho, sin magia ni fe, solo a base de ciencia, Enrique Veiga, ‘padre’ de un generador que capta la humedad de la atmósfera y la condensa en un líquido apto para beber. Sin contaminación ni desechos. Sin bombas ni conducciones. A sus 79 años, este ingeniero gallego afincado en Sevilla ya ha llevado su invento a los rincones más sedientos de un planeta en el que 800 millones de personas no tienen acceso al agua potable y mil niños mueren deshidratados cada día. Y el cambio climático empeora el pronóstico. «En zonas inhóspitas y alejadas, en desiertos, esta máquina es el futuro. Creo que habrá una en cada casa. Hacemos llover», resume.

Funciona a 50 grados en el desierto. Ya la tienen en África, América, Australia y Oriente Medio. «Hay un océano en la atmósfera»

Enrique Veiga (Vigo, 1939) estudió perito industrial en su ciudad y se especializó en Francia como ingeniero de frío. Trabajó en Galicia, Noruega y Canadá hasta que, en 1965, su empresa le confió el montaje a orillas del Guadalquivir de un muelle para la descarga de pescado congelado que en unos años convirtió a Sevilla en el segundo puerto de España -por detrás del vigués- en este comercio. «Y ya me quedé», recuerda Enrique, que medio siglo después conserva intacto su acento gallego. Cuando aquel negocio languideció, construyó algunos de los mayores frigoríficos industriales de Andalucía, primero por cuenta ajena y después con su propia compañía. Junto a sus hijos, fundó en 2004 Aquaer Generators, en la localidad hispalense de El Viso del Alcor.

En 1992 comenzó en España una terrible sequía que, además de arruinar el campo, obligó a imponer severas restricciones en el consumo doméstico. Alguien retó a Enrique a encontrar una solución y él aplicó sus conocimientos en el sector a la creación de su ingenio: un generador capaz de captar el vapor del aire y convertirlo en líquido. La base tecnológica parece sencilla: se trata de enfriar el aire hasta su punto de rocío, la temperatura a la que se convierte en gotas de agua, como ocurre cada madrugada en la naturaleza.

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