Cómo se puede invertir en agua

El 70% de la superficie del planeta está cubierta de agua, pero sólo el 0,01% es apta para el consumo y resulta accesible para su aprovechamiento

Todo esto habla con claridad acerca del valor de esta materia prima, que, desde el punto de vista normativo, se considera como un bien público de carácter global que, sin embargo, se encuentra regulado por los distintos ordenamientos jurídicos de los países. Al tratarse de una commodity con estas singularidades respecto a otras, no existe un mercado de inversión propiamente dicho en el que se pueda comprar y vender agua, como sí ocurre con los metales preciosos, los productos agrícolas o la energía.

Desde el punto de vista financiero, invertir en ella parece una magnífica decisión: su demanda es estable y crece a medida que lo hace la población y sus necesidades (en 2025, la ONU asegura que 1.800 millones de personas vivirán en áreas donde escaseará el agua potable y 2/3 de la población mundial en zonas con estrés hídrico), no puede ser reemplazada por ningún otro producto y está completamente desligada de cualquier vaivén de la economía mundial, lo que, en principio, evita cualquier riesgo de volatilidad.

En muchos países, se están desarrollando distintas inversiones en infraestructuras de aguapara atender a las necesidades de sus ciudadanos. Se calcula que las necesidades globales en infraestructuras del agua serán de un billón de dólares por año hasta 2030, con países como China, donde se espera que el Gobierno invierta más de 200.000 millones de dólares durante la próxima década para evitar la contaminación del agua. Todo ello generará múltiples oportunidades de negocio para las compañías que trabajan en los distintos eslabones de la cadena de esta materia prima.

Qué significa realmente invertir en agua

Parece una obviedad decir que el agua es vital para la economía mundial, pero, tal como asegura el informe ‘Invertir en agua: una fuente de crecimiento sólido’, elaborado por la gestora BNP Paribas Asset Management, con frecuencia se asume que invertir en ella implica un riesgo elevado, con poco margen y que se suele centrar en los servicios públicos. Algo que, según este documento, es erróneo, ya que engloba un amplio abanico de negocios en segmentos como la desalinización, el filtrado, la provisión de infraestructuras hídricas o la detección de fugas.

Esto significa que es posible tener en cartera una variedad de acciones expuestas a todo el espectro de mercados finales, dando la opción de repartir su asignación por regiones y ámbitos geográficos distintos. Los mercados desarrollados, por ejemplo, ofrecen un crecimiento estable de la mano de compañías de suministro, infraestructuras y empresas de tecnología hídrica, mientras que los países menos desarrollados con programas de urbanización significativos brindan exposición a oportunidades de mayor crecimiento.

En su conjunto, el agua ofrece posibilidades de crecimiento atractivas en varios mercados finales, desde los consumidores a los sectores agrícola o industrial, a través de modelos de negocio consolidados o innovadores.

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