Amnesia y derroche del agua en España: “En 4 meses habrá desaparecido el 70%”

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Desembalse en el pantano de Mequinenza, en la Cuenca del Ebro. EP

La sequía hidrológica volverá a instalarse rápidamente tras el verano si sufrimos otro otoño seco. El 93% del consumo de agua se dedica a regar

El urbanita español tiene una relación con el clima basada en la desmemoria. Hoy, cuando maldecimos al ver en la predicción del tiempo un nuevo fin de semana pasado por agua, tendemos a olvidar que hace tres meses y medio nos asomábamos al desastre. Las reservas de agua apenas superaban en un tercio de la capacidad de los embalses cuando debían estar a la mitad. Durante un otoño cálido y seco, la vegetación no floreció. Las ruinas de pueblos sumergidos asomaban en el lecho de los pantanos.

La reciente crecida del Ebro que ha anegado áreas de la Ribera Baja ejemplifica el cambio del relato. Abril no ha terminado de depararnos sus lluvias, que fluirán junto a la nieve derretida con la llegada del calor. Al ver pantanos como el de Mequinenza en Aragón desembalsando un auténtico niágara, puede cundir la idea que algunos tiran su reserva por el desagüe mientras otros todavía pasan sed. “El Ebro ha arrojado al mar en doce horas lo que necesitamos para todo el año” – lamentaba el pasado domingo el presidente de Murcia, Fernando López Miras.

“Eso es una perfecta tontería” – considera Santiago Martín Barajas, ingeniero agrónomo y responsable de aguas de Ecologistas en Acción. “O por lo menos, una verdad a medias. De existir el trasvase entre Tortosa y Murcia al que hace referencia, seguiría dependiendo de la capacidad de bombeo. Nunca se trasvasa el caudal entero: de los 1.000 hectómetros se recuperarían unos 40. Y eso en una situación excepcional de crecida. Los ríos mediterráneos son de caudal variable, un trasvase así no podría trabajar durante meses”.

Martín Barajas presume de ser “uno de los cinco” que se leyó el proyecto de trasvase Ebro – Segura previsto en el Plan Hidrológico Nacional. “Ya en el año 2.000 se sostenía con alfileres. Hoy, sería completamente inviable por dos motivos: los recursos hídricos han descendido mientras que la demanda no ha parado de aumentar. Y se debe a la agricultura. Los regadíos han crecido un 21% en las últimas dos décadas. Los embalses ya no son un almacén, sino una estación de paso camino del campo”.

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