¡Aguas con el cloro!

Investigadores advierten que el uso en exceso para depurar el agua podría afectar la salud. Sugieren aplicar a menudo otros métodos como filtración con carbón activado

El raro olor y sabor que presentaba el agua de la llave —similar al de la tierra mojada y que tenía preocupados a los habitantes de varias delegaciones en la capital del país a principios de junio— finalmente fue controlado con medidas complementarias para depurarla y devolverle su calidad potable.

Esto se logró luego de que la Conagua y el Sistema de Aguas de la Ciudad de México aplicaron temporalmente otros métodos de depuración como carbón activado y mayor cloración, con los cuales controlaron a la geosmina, un alga detectada en dos presas del sistema Cutzamala y cuyos productos de metabolismo son la causa del mal olor y sabor.

Sin embargo, el empleo adicional de sustancias cloradas para devolver la potabilidad al agua (especificada en la Norma Oficial Mexicana 127-SSA1-1994) que es un método común y con buena relación costo-eficacia, además de probados beneficios sanitarios, podría conllevar ciertos riesgos para la salud humana, según advierten investigaciones en México y otros países.

María Teresa Orta, académica del Instituto de Ingeniería de la UNAM, señala que la combinación de las sustancias excretadas por algas como la geosmina con otras de tipo orgánico existentes en el agua o con el cloro puede generar otros compuestos que bajo ciertas condiciones podrían resultar cancerígenos.

“El cloro aplicado en exceso no soluciona el problema y sí puede aumentarlo”, afirma por su parte el investigador Luis Zambrano, del Instituto de Biología de la UNAM.

Daños potenciales

Un estudio de Michael A. Pereira, del Medical College Ohio y patrocinado por la Agencia Ambiental de EU (EPA) destaca que “el cloro usado para potabilizar agua produce bajos niveles de subproductos como trihalometanos y ácidos haloacéticos, que en pruebas de laboratorio han mostrado actividad carcinogénica en animales de laboratorio”.

Otra investigación realizada en México por Luis Aboites, Enrique Cifuentes, Blanca Jiménez y María Luisa Torregrosa (Pendientes nacionales del agua, 2008) advierte que “los subproductos del cloro están claramente asociados con unos 5 mil casos de cáncer de vejiga y más de 8 mil casos de cáncer de recto en EU”.

En este trabajo, donde se denuncia que “la calidad del agua (en México) siempre ha sido un aspecto considerado en segundo término, después de la cantidad”, los autores mencionan la existencia de reportes que sugieren asociaciones entre los productos de la desinfección mencionados y abortos espontáneos, bajo peso al nacer y malformaciones congénitas.

La Organización Mundial de la Salud reporta en el documento Trihalomethanes in drinking water varios estudios epidemiológicos efectuados para valorar el impacto de esas sustancias en humanos, principalmente en Colorado, Iowa y Ontario (Canadá). Al respecto, advierte:

“Aunque no es posible concluir sobre la base de los datos disponibles que esta correlación es causal (causa-efecto), la observación de asociaciones en estudios bien sustentados donde las exposiciones (a trihalometanos) fueron mayores no pueden ser fácilmente desechados”.

Las alternativas

Por esas razones, la OMS estableció una serie de estándares donde se contemplan los niveles máximos permisibles para prevenir riesgos sanitarios por esos subproductos de la cloración. Por ejemplo, para dos de los trihalometanos más comunes (cloroformo y bromoformo) establece como valores guía 0.3 mg y 0.1 mg por litro, respectivamente.

En México, la NOM 127 contempla un límite máximo permisible de 0.20 mg de trihalometanos totales por litro de agua. La Conagua informó que estos niveles no fueron rebasados tras la adición de cloro para afrontar la emergencia por el agua maloliente. No obstante, como la geosmina suele proliferar en los estanques, ríos y lagos durante el verano, las autoridades estarán obligadas a usar más cloro de manera cíclica y por ende podrían rebasarse los niveles permisibles, consideran Orta y Zambrano.

Para ambos la solución a este problema radica en que la Conagua y otros organismos responsables de suministrar el agua potable a la población del Valle de México apliquen otros procedimientos para la desinfección, como el ozono o los filtros de carbón activado, aun cuando el costo de éste último resulte unas diez veces superior al de la cloración.

En varios países europeos y en EU, desde hace muchos años la cloración dejó de ser el principal procedimiento de desinfección, es decir, es sólo una medida que complementa a otras tecnologías. Y en México debería hacerse algo similar, sugieren los investigadores universitarios.

“Si no se utiliza el carbón activado antes del proceso de cloración, el agua puede llevar muchos compuestos orgánicos que al reaccionar con el cloro generan los organoclorados”, alerta por su parte José René Rangel Méndez, académico del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICyT).

“En México no conozco una sola planta de tratamiento de agua que use adsorción con carbón activado”, añade el investigador de la División de Ingeniería Ambiental del IPICyT. “Deberían emplearse los dos procedimientos o bien el ozono en lugar de cloro, como sucede en muchos países europeos”, recomienda Rangel.

Fuente: eluniversal.com.mx