Nuevo sistema de tratamiento de aguas residuales

La empresa de procesamiento de pavos Whitewater Processing ha instalado un sistema único y nuevo de tratamiento de aguas residuales diseñado por la Universidad Estatal de Ohio, EUA. Este sistema ecológico está ahorrando millones de dólares a la compañía, por lo que tiene mucho que agradecer por esta razón.

 

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Una planta de procesamiento de pavos en el suroeste de Ohio tiene mucho que agradecer por esta razón, según un informe del Departamento de Ciencias Alimentarias, Agrarias y Ambientales de la Universidad Estatal de Ohio (OSU).

Whitewater Processing Co. sacrifica y procesa de 6,000 a 8,000 pavos en un día normal de trabajo, produciendo cerca de 2.5 a 3 millones de libras (1.1 a 1.3 millones de kgs) de pavo en un mes promedio. La familia Kopp ha dirigido la actividad desde la década de 1930 y con 110 empleados, deseaba seguir haciéndolo.

Pero en la década de 1990, las inquietudes por el medio ambiente acerca de los 145,000 galones (548,000 litros) de aguas residuales que produce a diario casi acabaron con la compañía.
Hoy, con un sistema de tratamiento primero en su tipo, diseñado por un investigador de la Universidad Estatal de Ohio, se han calmado las aguas turbulentas.

Y aunque los costos han sido considerables – aproximadamente US$ 1 millón para construir el sistema de tratamiento de aguas residuales además de alrededor de US$ 1.8 millones para operar y mantenerlo en los próximos 20 años – la familia Kopp calcula que ahorrará a la empresa por lo menos US$ 10 millones más que la siguiente mejor alternativa.

“Trabaja muy bien, estamos muy entusiasmados con el”, manifestó Ryan Kopp, gerente del proyecto.

Investigación

A finales de 1990 Whitewater comenzó a trabajar con Karen Mancl, científica medioambiental y especialista en calidad del agua del Servicio de Extensión de la Universidad Estatal de Ohio, luego que la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) de Ohio se inquietó por el sistema de tratamiento de aguas residuales de la compañía de tipo laguna abierta, especialmente con el río Whitewater tan cercano a las instalaciones.

El momento fue fortuito: la Dra. Mancl había recién terminado un estudio sobre el uso de un sistema de biorreactor de arena para tratar las aguas residuales de una planta de fabricación de queso. Los estudios de la Dra. Mancl demostraron que los biorreactores proporcionan una manera eficaz de tratar las aguas residuales de alto contenido de grasa y de materia orgánica a un costo relativamente bajo.

Las opciones de Whitewater eran limitadas. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) sugirió primero conectarlo a la planta de tratamiento de aguas residuales municipales de la ciudad más cercana. Pero la empresa todavía tendría que tratar el agua previamente para retirar los contaminantes que el sistema municipal no estaba diseñado para manejar, y hubiese tenido aún que pagar un recargo a la planta.
El costo total para construir las instalaciones para el tratamiento previo, la conexión y el uso de la planta de tratamiento de Harrison a lo largo de 20 años se estimó en US$ 12.5 millones.

En 2001, Whitewater comenzó a financiar la investigación en el laboratorio de la Dra. Mancl para determinar si los biorreactores serían aptos para el tipo de aguas residuales generadas en sus instalaciones. Esa financiación continuó año tras año a lo que la Dra. Mancl, los estudiantes graduados e investigadores de post doctorados hacían prueba tras prueba en el laboratorio.

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