Los acuíferos del Delta del Llobregat, sin barrera antisalina por los recortes del ACA

La depuradora del Baix Llobregat, en El Prat, funciona ahora a medio gas, por la mala salud presupuestaria de la Agència Catalana del Aigua (ACA). Hasta ahora cumplía dos funciones principales: depurar las aguas sucias y reutilizar las limpias. La primera se mantiene; pero la segunda, orientada a la protección del medio ambiente de la comarca, ha sido paralizada. El agua depurada que se reutilizaba servía para blindar los valiosos acuíferos del Delta del Llobregat ante una eventual filtración de agua marina, que por su salinidad dañaría la biodiversidad de la zona.

 

Vista-aerea-de-la-gran-planta-_53989735532_51351706917_600_226

Vista aérea de la gran planta depuradora de aguas residuales del Baix Llobregat, situada junto a la desembocadura del río, en el término municipal de El Prat de Llobregat. Foto: La Vanguardia

El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) ya ha criticado este recorte, que anula una de las medidas compensatorias más importantes del impacto ambiental que supuso la desviación del río Llobregat. Por su parte, fuentes de la ACA reconocen que, por motivos económicos, ya no se inyecta agua para crear la barrera de intrusión salina, pero aseguran “velar” en todo momento por el mantenimiento de los niveles de sal en los acuíferos.

La depuradora de El Prat es una de las más grandes de Europa y tiene capacidad para tratar 420.000 metros cúbicos de aguas residuales (2 m3 por segundo), producidos por una población de dos millones de habitantes. Al paralizarse la reutilización, el agua que trata esta planta se expulsa simplemente al mar, una vez libre de sólidos, arenas y aceites.

La reutilización del agua

En 2006 el Ministerio de Medio Ambiente y el ACA invirtieron 100 millones de euros en una obra que permitía reutilizar el agua tratada. Se utilizaba fundamentalmente para tres cosas: contribuir al riego agrícola, mantener el caudal del río Llobregat y los humedales del margen derecho del río y ejercer de barrera de intrusión salina para los acuíferos deltaicos.

El agua se bombeaba desde seis pozos de 60 metros de profundidad ubicados a lo largo de un kilómetro del acuífero delta, una medida que hacía aumentar su nivel. De esta manera se evitaba que el agua del mar penetrase en el subsuelo.

Ver artículo completo

Fuente: La Vanguardia