Las aguas negras del extractivismo

Cinco derrames en un mes a cuerpos de agua son tema a tener en cuenta sobre todo por sus consecuencias ambientales y sociales. Los daños fueron variables, el caso de los 40 mil metros cúbicos de ácidos y minerales derramados por Grupo México en Sonora provocó la afectación de 22 mil personas y de la región que depende de los ríos Bacanuchi y Sonora.

 

HRío Bacanuchi.

 

Cinco derrames en un mes a cuerpos de agua son tema a tener en cuenta sobre todo por sus consecuencias ambientales y sociales. Los daños fueron variables, el caso de los 40 mil metros cúbicos de ácidos y minerales derramados por Grupo México en Sonora provocó la afectación de 22 mil personas y de la región que depende de los ríos Bacanuchi y Sonora.

En Durango, el 10 agosto se registró un derramamiento de 2 mil metros cúbicos de cianuro, lo que afectó 400 metros cuadrados de suelo natural, mientras que en Nuevo León, Tabasco y Veracruz, se presentaron derrames de hidrocarburos a ríos y arroyos con afectación a la población y los ecosistemas. De seguir la tendencia, las consecuencias del actual modelo extractivista sobre las fuentes de agua pueden ser catastróficas, si bien en el país hay diversas causas de contaminación de tan vital recurso, los accidentes industriales de este tipo impactan de manera inmediata.

Según la organización ambientalista Greenpeace, en el país 70 por ciento de los ríos tienen algún grado de polución, eso provoca que las comunidades cercanas a las cuencas hidrológicas vean afectadas, su salud y sus fuentes de alimentos; además, entre más contaminada esté el agua el costo de limpiarla se incrementa e implica que aquéllos en situaciones económicas precarias tengan acceso todavía más restringido a este líquido. Una excusa muy cómoda para justificar su escasez es darle mucho peso al cambio climático; sin embargo, un elemento importante es la falta de una gestión exitosa y eficiente que ayude a resolver el problema de manera integral.

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