El milagro de la depuración

Profesionalmente hablando, a Paco Jiménez no le hace gracia el agua limpia. Como jefe de planta de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Talavera de la Reina, Toledo, lo que más le consuela es recibir agua decentemente contaminada. «Ahora hemos tenido unos días con muy poquita carga. Están abriendo los riegos, los canales rebosan, y eso al final diluye mucho el agua que llega, con lo cual no hay tanta generación de fango», se lamenta.

 

agua05--647x231Muestras de agua y fango en el laboratorio de la EDAR de Talavera de la Reina. Óscar Chamorro.

Arturo García-Barroso, jefe de servicio de Aqualia en la localidad manchega, coincide: «El agua limpia es muy gratificante, pero esto es mucho más divertido». La planta que dirigen tiene el crucial papel de asegurar que todas las aguas residuales desechadas por más de 100.000 personas acaben en un estado cristalino e inocuo antes de ser vertidas al río Tajo. Los objetivos concretos para el agua que sale de la planta son de menos de 1 mg/L de fósforo, 10 mg/L de nitrógeno y 25 mg/L de DBO (demanda biológica de oxígeno), un pelín por encima del límite que separa el agua pura de la levemente contaminada.

Antes de llegar a la planta, las aguas residuales de la ciudad, el campo y los polígonos industriales, impulsadas hacia el mismo cauce, han pasado varios filtros. «Primero hay un pozo de bombeo donde, con una cuchara bivalva, recogemos arenas y residuos. Luego pasa un primer desbaste con una reja donde te encuentras cualquier cosa, de colchonetas a ramas grandes. Una vez me contaron que, en uno de los colectores grandes, encontraron un coche», dice Jiménez. Tras pasar por tamices cada vez más finos para ir reteniendo objetos, las aguas llegan a la EDAR y van a parar directamente a un último pozo de bombeo. En el punto de entrada, el líquido, negruzco con tintes rojizos, emite una notable pestilencia.

El ciclo comienza en los pozos de agua bruta, donde se divide en dos líneas idénticas de pre-tratamiento. En cada una, 4 bombas de 770 metros cúbicos a la hora «elevan el agua y la conducen a unos tamices rotatorios donde el paso de luz es de 3 milímetros», dice Jiménez. Los filtros atrapan objetos tipo colillas, palillos de dientes o huesos de aceituna.

En este punto, «tenemos un gran problema con las toallitas desechables, se venden como biodegradables pero luego es mentira, y causan muchos problemas de obturación en las bombas. Hace no mucho tuvimos que desmontar una y, por dentro, estaba totalmente maciza de estas toallitas», reconoce Jiménez.

El agua pasa entonces a un canal donde se le inyecta una corriente de aire mediante un soplante. Esto logra un doble efecto: las grasas emulsionan y flotan y, al mismo tiempo, las arenas se desprenden y bajan. Una doble rasqueta recoge entonces la grasa de la superficie y la arena del fondo y el agua llega a la parte más importante de la depuración…..

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