Depuradoras abandonadas

Las ranas agonizan en el fondo de un enorme tanque de hormigón. Alrededor, más ranas en más tanques de agua estancada y varias construcciones con puertas y ventanas tapiadas. La imagen es la de los restos de un saqueo en la estación depuradora de Torrejón del Rey-Galápagos, en Guadalajara: se han llevado las tapas de las alcantarillas, de los sumideros, las plataformas que coronaban los tanques, los cuadros del sistema eléctrico, la valla metálica que rodeaba el recinto; han cortado, incluso, las patas de un contenedor elevado de fangos que debía de tener unos 15 metros de altura. Ha desaparecido cualquier cosa con valor en el mercado negro; sobre todo, los objetos electrónicos y el metal, que se puede vender al peso.

 

1401966724_765283_1401966951_album_normalEDAR de Torrejón del Rey-Galápagos (Guadalajara)

 

Esta es una de las cinco depuradoras de residuos urbanos de la zona del Alto Henares, casi en la linde con la Comunidad de Madrid, que permanecen abandonadas desde julio de 2011, cuando estaban casi completamente terminadas; la constructora paró las obras porque llevaba 11 meses sin cobrar. En aquel momento, ya se habían invertido 8,9 millones de los 11,3 presupuestados, y la Comisión Europea (que tiene abiertos varios procesos contra España por incumplir la normativa de depuración) ya ha aportado 4,84 millones, pues el proyecto “está ejecutado en un 89%”, explica el Ministerio de Hacienda.

Aparte de la de Torrejón, las de El Casar y Valdeaveruelo también están vandalizadas y desvalijadas; en la segunda, el interior de las oficinas está quemado y se han llevado todo tipo de material, incluido el portón de entrada al recinto. Las otras, Valdenuño-Fernández y Mesones, están simplemente abandonadas.

Las infraestructuras fueron una de las primeras víctimas de los recortes públicos con la crisis y, entre ellas, cientos de depuradoras por toda España se quedaron solo en la intención. Preguntado el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente por las que se frustraron, un portavoz contesta que están analizando la situación.

Pero el hecho es que durante los últimos años han ido apareciendo, con la insistencia de una gota malaya, no solo ejemplos de plantas paradas a medio hacer, sino de otras terminadas pero sin usar, o infrautilizadas. En Aragón se acaban de retomar las obras de una quincena de depuradoras tras un litigio con la concesionaria; en Málaga, un informe del Colegio de Ingenieros de Caminos detectó hace un año siete abandonadas; en un pueblo de Ourense, Pereiro de Aguiar, la planta nunca llegó a funcionar por un fallo de construcción… Incluso, ha habido algún aumento de la contaminación en el río tras la reactivación apresurada de depuradoras que llevaban años “sin funcionar y sin mantenimiento”, según un estudio de la empresa Estación Biológica Internacional en el Lago de Sanabria (Zamora).

Todo ello mientras España tiene abiertos tres procedimientos por incumplir la normativa europea. Aunque el 84% de las aguas se depuran correctamente, el Tribunal de Luxemburgo condenó a España en 2011 porque 38 ciudades de más de 15.000 habitantes no lo hacían. Una directiva obligaba a poner en marcha antes del año 2000 sistemas de limpieza de aguas residuales para evitar vertidos tóxicos y daños medioambientales, y España no lo había cumplido. Las multas, aunque aún no se han fijado, podrían ir de los 20 a los 50 millones de euros. Todavía en 2011, la Comisión Europea volvió a denunciar a España porque en 39 municipios de zonas medioambientalmente sensibles no se depuraba bien (en ellas el tratamiento debe ser más riguroso); y en 2012 se inició otro proceso porque 900 pueblos de más de 2.000 vecinos incumplían la directiva.

Leer artículo completo en diario EL PAÍS