Una persona enferma no puede vivir con tres horas de agua al día

Conseguir tener agua en casa sin preocupaciones cuesta alrededor de 2.000 euros, un gasto que una pareja de catalanes jubilados que vino a Galicia una vez dejó de trabajar, sabe que tendrá que asumir si siguen viviendo en el Xalo.

jpgFotografía de Ana García / La Voz de Galícia  

Uno de los peores días del verano en cuanto a precipitaciones. O de los mejores, según las necesidades de cada uno. Ayer, el Monte Xalo podía estar de celebración ante las continuas horas de lluvia, que pueden contribuir a reducir la restricción de tres horas de agua con la que conviven los vecinos. Sin embargo, en la urbanización privada que se divide entre los concellos de Cerceda, Carral, Culleredo y A Laracha, ya solo reinaba la resignación.

Una resignación que rezumaba ira y que parece haberse anclado en una urbanización que los constructores se encargaron en denominar «de lujo» y que encandiló a casi 500 personas. Quizás el problema es que a estos nuevos inquilinos nadie les comentó los problemas de suministro de la zona. Como recuerda José Miguel Vázquez, «cuando me construí esta casa no tenía ni idea de que había escasez de agua; simplemente un buen día llegó la sequía y dijeron ??señores, no hay agua??. Así que decidí hacer un pozo y se acabó el problema».

Conseguir tener agua en casa sin preocupaciones cuesta alrededor de 2.000 euros, un gasto que una pareja de catalanes jubilados que vino a Galicia una vez dejó de trabajar, sabe que tendrá que asumir si siguen viviendo en el Xalo. «Aquí si no tienes pozo estás perdido», afirma Ricardo García después de llevar tres años viviendo en una de las casas de esta urbanización. Su mujer, Patricia Gómez no tolera más esta situación: «Mi marido está enfermo de cáncer y tiene que ir al baño a menudo, no podemos tener agua solo de seis a nueve». Mientras revuelve las patatas que tiene a remojo desde la noche anterior y se queja de que no sabe si la lavadora podrá terminar de lavar antes de que corten de nuevo el suministro, Patricia asegura haber acudido a la asociación de vecinos de la zona rogando una solución ante su delicada situación familiar, «lo único que me ofrecieron fueron las llaves de la piscina comunitaria».

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