La recurrente sequía

La Marina vive desde hace meses en un alarmante estado de sequía, reconocido de forma oficial. La meteorológica ha derivado en una sequía hidrológica en la zona que provoca que no haya suficiente agua para el servicio que reclama toda la demanda durante el verano.

 

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Sin embargo, este gravísimo estado de las cosas apenas ocupa el tiempo de nuestros políticos y la ciudadanía sigue sin tomar conciencia de la realidad. La cuestión es que abres el grifo, y sale agua. Y mientras eso sea así, difícilmente se removerán las conciencias.

Los gestos, más bien parches, como dejar de baldear con agua potable o de utilizarla en los lavapiés de las playas tienen el mismo componente de compromiso que electoralista. Y escuchar cómo se toman este tipo de inaplazables decisiones políticas en pleno 2015 produce vergüenza ajena.

En La Marina Baixa hemos asistido a lamentables episodios, como que una comunidad de regantes promueva el cambio de uso de una parte de la concesión que de agua blanca a su disposición por el mismo volumen de agua depurada para cederle la buena al consumo humano de un plan parcial previsto en suelo reclasificado (obviamente con campo de golf) y que así pudiera asegurarse su aprobación la empresa que lo impulsa. Y esas modificaciones han sido habituales en unas entidades colonizadas por el PP, como también lo ha estado el Consorcio de Aguas de La Marina Baixa, una evidencia si se escruta su actuación justificando informes de suficiencia de recursos hídricos para enloquecidos desarrollos urbanísticos.

El PP le ha tomado el pelo con el agua a toda a toda la sociedad valenciana, particularmente a sus votantes, a los que intenta seguir engañando en la creencia de que una parte de la política autóctona tiene que seguir pivotando sobre la necesidad de seguir reclamando el trasvase del Ebro o del Xúquer-Vinalopó desde Cortes de Pallás. Hasta algún prócer de la ingeniería hídrica no dudó en encabezar manifestaciones protrasvasistas regadas con abundante dinero público mientras, por otro lado, ese mismo dinero era utilizado para que las desaladoras se quedaran hibernando.

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