Hace un año que en un barrio de Quilmes sólo tienen agua en la madrugada

Vivir prácticamente sin agua. Algo que parece inimaginable resulta real para los vecinos de un rincón de Bernal Oeste, que desde casi un año sienten impotencia al ver que las canillas y duchas de sus casas pasaron a ser elementos decorativos ya que, salvo un hilo muy fino de vez en cuando y por la madrugada, el vital elemento está ausente.

 

Ciudad_CLAIMA20150312_0136_27Un barrio de Bernal Oeste lleva un año con problemas en la red de agua.

 

Vivir prácticamente sin agua. Algo que parece inimaginable resulta real para los vecinos de un rincón de Bernal Oeste, que desde casi un año sienten impotencia al ver que las canillas y duchas de sus casas pasaron a ser elementos decorativos ya que, salvo un hilo muy fino de vez en cuando y por la madrugada, el vital elemento está ausente. Por esta situación atraviesan unos 6.000 vecinos de las 25 manzanas delimitadas por Calchaquí, calle 164, Montevideo y Coronel Lynch, en el barrio Villa Urquizú.

“Cargaste agua en el balde?” o “¿conseguiste la bomba presurizadora?” son dos de las frases que más se escuchan entre la gente afectada que ya realizó, según dicen, decenas de reclamos ante la empresa proveedora AySA, desde donde ahora prometieron hacer un relevamiento en la zona y luego trabajos “para mejorar el servicio”. Ante esta situación, para los vecinos es una odisea conseguir agua para lavar la vajilla y la ropa o para higienizarse. Por eso, hasta tuvieron que cambiar sus hábitos porque muchas tareas relacionadas con la limpieza están obligados a hacerlas de noche. “Esto comenzó hace casi un año, cuando una cuadrilla hizo una obra o unos arreglos, no sabemos bien, en la esquina de Chaco y 162. Desde ahí nunca más tuvimos agua en las casas”, comenta José Dall’oso, quien vive en Chaco al 1700, mientras Clarín es testigo de cómo su esposa, Milagro Alvarez, abre la canilla de la cocina, de la que no sale ni una gota.

En medio de la desesperación, agudizada en esta época de más de 30 grados de temperatura, varios vecinos optaron por comprarse una bomba presurizadora, la que les permite extraer con un poco más de fuerza el agua. “No tengo los $ 2.500 que cuesta, así que no me queda otra que dejar correr el mínimo chorrito que sale y llenar los baldes. Después, cargo manualmente el calefón y así consigo darme un baño o limpiar la casa. Es una vergüenza y muy triste ver cómo nos acostumbramos a manejarnos de esta manera”, relata Jaquelina Tomey, quien tiene su casa en 163 y Chaco.

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