Experto pide limitar el crecimiento territorial a la disponibilidad de agua

El director en funciones del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), Patricio García-Fayos, ha instado a los políticos y autoridades competentes a limitar el crecimiento de las ciudades y del territorio a la disponibilidad de recursos hídricos para su abastecimiento.

 

Crecimiento-urbano

En una entrevista concedida a EFE, García-Fayos ha destacado que es importante reducir la huella hídrica (el volumen total de agua consumido por persona y año, teniendo en cuenta también la utilizada para producir bienes y servicios) y apostar por procesos que requieran un menor uso de agua.

Pero, a su juicio, “falta la parte más manipulable”, que es que la autoridades pongan “un límite al crecimiento”, y que los informes de las confederaciones hidrográficas sobre la garantía o no de abastecimiento sean vinculantes a la hora de autorizar una urbanización o gran infraestructura.

“Si tenemos agua para un millón de personas, no podemos permitir que vivan aquí dos millones de personas”, ha considerado este investigador, para quien “está claro cuál es el agua que podemos utilizar” y qué es lo que podemos aumentar en eficiencia, “pero siempre hay un techo”.

“Les toca a los administradores decir hasta aquí hemos llegado y de aquí no deberíamos de pasar”, ha defendido García-Fayos, quien ha lamentado que en lugar de eso, los políticos se dedican esgrimir la posibilidad de traer agua de otros sitios, lo que implica quitársela a alguien o limitar sus posibilidades de crecimiento.

Ha considerado que a las personas que viven en determinadas zonas y necesitan agua “hay que darles una solución”, pero, en su opinión, “lo que no se puede permitir es que se siga pensando en un crecimiento o desarrollo ilimitado de esas zonas si no se tiene el recurso necesario”.

En ese sentido, ha defendido que “si para hacer una urbanización o una gran infraestructura hace falta un informe de la confederación hidrográfica, que es la que se encarga de distribuir y administrar el agua para decir si hay agua suficiente”, y este organismo dice que no, “eso debería ser vinculante para nuestros políticos”.

Sin embargo, ha lamentado, hoy por hoy “es un informe que hay que hacer pero no es obligatorio cumplir lo que diga”, algo que para García-Fayos “tiene que cambiar” ya que de no hacerlo, ha advertido, “los políticos siempre jugarán con nosotros y con el trasvase y las desalinizadoras”.

El investigador ha recordado que estas últimas infraestructuras “gastan un porrón de energía por litro de agua”, por lo que pueden servir para “un sitio donde no hay otro remedio y tiene una población a la que dar de beber, como en Torrevieja”, pero lo que tenemos que hacer, ha dicho, “es evitar que haya más Torreviejas”.

El director del CIDE, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha reconocido que la huella hídrica de la Comunitat Valenciana ha disminuido a pesar de que la población ha aumentado en los últimos años porque “está aumentando la eficiencia en bastantes procesos”.

En los 90, ha dicho, se perdían entre el 45 y el 50 por ciento del agua de la distribución en Valencia ciudad “solo por roturas de cañerías y evaporación”, algo que ha “mejorado mucho” a costa “deponer dinero y cambiar las infraestructuras”, como también ha mejorado el uso del agua en la industria.

Sin embargo, ha advertido de los peligros que encierra la percepción de la escasez hídrica, que se mide en función de variables que han ido cambiando con los años, y depende del punto de vista del que la analice.

Como ejemplo, ha explicado que uno de los esfuerzos más importantes de los distintos gobiernos valencianos de los últimas décadas es que gran parte del regadío valenciano utilice sistemas de riego por goteo o de riego localizado, lo que tienen ventajas pero también inconvenientes.

Entre los inconvenientes, ha explicado que algunos expertos “relacionan la disminución de tormentas de verano a dejar de haber dejado de regar a manta” en esas zonas, ya que atribuyen esa mayor cantidad de lluvia a la humedad que se producía en las huertas y que hacía que el punto de rocío del ambiente estuviera un poco más bajo.

Fuente: EFE Verde