¿En qué consiste la desalación?

La desalación es un proceso por el cual el agua de mar puede convertirse en un recurso hídrico perfectamente aprovechable tanto para el consumo humano, como para el riego y usos industriales. Para eso, se separan las sales que contiene el agua marina para llegar a los 0,5 gramos por litro del agua potable, aproximadamente.

 

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Lo que llamamos agua son distintas disoluciones naturales que varían, desde aguas muy finas de manantial de montaña de 0,2 gramos de sal por litro hasta los 35 gramos del agua del mar. El agua para el consumo humano no debe tener más de 1 gramo por litro ni ser agua destilada. Tampoco es conveniente que sea muy escasa en sales. La desalación se puede realizar mediante diferentes técnicas como la destilación, la congelación, la evaporación instantánea o la formación de hidratos, pero, en la actualidad el método de ósmosis inversa es el más utilizado y extendido.

El funcionamiento de una desalinizadora por ósmosis inversa es sencillo. Situada en las proximidades del mar, se absorbe el agua por medio de tuberías que la transportan a unos canales donde se limpia de arena e impurezas por medio de filtros y elementos químicos.

Posteriormente comienza el proceso de desalación por ósmosis inversa. La ósmosis es un fenómeno natural que se produce en las células de los seres vivos, según el cual, dos soluciones de distinta concentración tienden a igualar sus concentraciones de una membrana desde la solución más diluida a la más concentrada hasta alcanzar un equilibrio.

La ósmosis inversa consiste en aplicar presión a la solución más concentrada para obtener más cantidad de solución diluida. En nuestro caso, más solución libre de sal.

Para hacer esto necesitamos una turbobomba capaz de aplicar una gran presión a la membrana que posibilite la separación de sales en los bastidores de membrana, rompiendo los puentes de hidrógeno y reduciendo los cristales de sal.

Tras el paso por las membranas se han conseguido dos clases de agua:

El agua salada se envía de nuevo a la turbobomba para que recupere parte de la energía que se ha invertido en el proceso de desalación y se devuelve al mar, generalmente en lugares con mucho movimiento de agua, como un rompeolas, de forma que se vuelva a mezclar bien con el agua de mar y la sal residual no cause daños ecológicos.

El agua potable va a unos depósitos de almacenamiento, donde se le añaden minerales de modo que sea más eficaz al regar cultivos y mejore su calidad para el consumo humano según todas las normas de Sanidad. Gracias a la aplicación de la desalación se han resuelto muchos graves problemas de falta de agua. En la actualidad se producen más de 24 millones de metros cúbicos al día de agua desalada en todo el mundo, lo que sería suficiente para abastecer una población superior a 120 millones de habitantes.

La geografía de la desalación se extiende por todo el mundo y tiene especial importancia en países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Estados Unidos y Europa, con especial interés en España, donde desde los años 1970 se viene utilizando, primero en Canarias, pasando después a Baleares, la Península, Ceuta y últimamente Melilla, alcanzando una producción aproximada de 1.200.000 m3/día, correspondiendo 700.000 m3/día a la desalación de agua de mar y el resto de agua salobre (agua subterránea).

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