Agua en los ríos y pueblos sin agua

La indignación de los habitantes de la Vega del río Tuerto ya no da más de sí. Otro año más ven como los cauces que atraviesan sus pueblos, como el cauce de La Zague, bajan sin agua, prácticamente secos, por una decisión “inexplicable” de la Confederación Hidrográfica del Duero. Hace ya algunos años, como explican desde la plataforma reivindicativa creada con el objetivo de cambiar esta situación, ‘Pro Agua’, la CHD cerró el agua de La Zague y sólo lo abre en época de campaña de riego, de abril a septiembre, lo que afecta a la vida cotidiana y a las necesidades más básicas de los habitantes de la zona, como la recarga de los acuíferos, los pozos de abastecimiento de agua o la extinción de incendios entre otras cosas.

 

imagenEl cauce de La Zague circula sin agua a su paso por Riego de la Vega.

 

Mientras esta es la situación de los diferentes pueblos, el río Tuerto muestra unos altísimos caudales, aproximadamente de 13.200 litros/segundo, y el embalse de Villameca se encuentra prácticamente lleno, habiendo alcanzado el nivel más alto registrado para estas fechas, “desde hace muchas décadas”.

Un cauce natural e histórico

La razón de la CHD para restringir la fluidez del agua por los cauces de los pueblos es simple, lo consideran canales de riego agrícola y, por lo tanto, solo pueden llevar agua en los periodos de riego coincidentes con los desembalses de Villameca.

Representantes de diferentes localidades de la Vega del río Tuerto, como los pertenecientes a los municipio de Valderrey, Riego de la Vega y Santa María de la Isla, han remitido un escrito a la CHD, en el que exponen las razones por las que la prohibición de que no se desvíe el cauce del río es perjudicial, alegando razones históricas y naturales.

Los representantes, en el escrito, explican que el cauce de La Zague surgió de forma natural siendo parte del río Tuerto, sin intervención del hombre, y que su antiguo curso estaba lleno de curvas y de meandros naturales, pero que con la subsecuente actividad humana con la concentración parcelaria, el cauce fue cambiando hasta hacerse rectilíneo, y “convirtiéndose en lo que ahora parece un canal de riego”.

Uno de los detalles históricos que aportan en su escrito, son los numerosos molinos que existían a lo largo del cauce en el siglo XVIII, y de los cuales algunos aún perduran, registrados en el Catastro del Marqués de la Ensenada, y que trabajaban en las épocas de invierno y primavera, cuando el cauce tenía mayor caudal.

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