Agua del grifo de calidad garantizada

El invierno es la época del año en la que virus y demás microorganismos se encargan de repartir con generosidad, por un lado, catarros, gripes y demás afecciones respiratorias, y de la misma manera, alteraciones estomacales y entre ellas las que produce el virus de 24 horas, expresión que ha hecho fortuna entre la terminología popular. Ese que además de dolor de estómago afloja el tránsito y al que tanto como el frío le gustan los rigores del verano a la hora de estar activo.

 

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Pues nada, que en la imaginación colectiva, puestos a buscar otras vías de explicación a tanto indeseado apretón de vientre, el imaginario ponía la vista en otro elemento de uso generalizo, el agua de consumo doméstico y le atribuía a los grandes bandos de gaviotas que llevan tiempo visitándonos, en concreto a sus deyecciones, ciertamente generosas sobre el pantano de Arriarán, la causa añadida de las alteraciones estomacales. Surgía lo que se ha dado en llamar una leyenda urbana, que como tantas otras, cosechaba cierta fortuna en los corrillos.

Aunque lleva a cabo una gran labor divulgativa, tocaba preguntar en el Consorcio de Aguas de Gipuzkoa, responsable de la captación y distribución del agua de consumo doméstico, por la cuestión en concreto. Y por añadidura, por lo que a la calidad del agua que llega hasta nuestros grifos se refiere.

Curiosamente hace ya unos años, esta misma página fue testigo de una controversia similar, que zanjó Bernardino Lasa, farmacéutico de Legorreta, encomendado por Osakidetza para analizar el agua del grifo en varias localidades del Goierri, entre ellas Ordizia.

El agua acumulada en los embalses contiene barro, arena, restos vegetales, metales, microorganismos (bacterias, virus…). La función de las estaciones de tratamiento colindantes, no es otra que limpiar todos esos componentes y convertir el agua en potable. Proceso que comienza por eliminar los metales, sobre todo hierro y manganeso, que recoge el agua en el camino hasta el embalse y lleva disueltos. Tras el necesario proceso de ozonización, el agua se decanta para retirar las partículas sólidas y seguidamente se filtra y finalmente se desinfecta utilizando cloro, que elimina los microorganismos. Además, la mayoría de las depuradoras guipuzcoanas, atendiendo al decreto emitido por la Consejería de Sanidad del Gobierno Vasco, y le añaden flúor para prevenir la caries dental de los menores. Tras todo este proceso, el agua cuenta con calidad garantizada y está lista para ser distribuida por la red de abastecimiento.

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