Siete meses sin agua y rodeados de basura

Omar Córdoba es vendedor de papas en la Central de Abasto de la Ciudad de México y desde hace siete meses no tiene abasto de agua, como el resto de los 3 mil 700 locales a los que se les suspendió el servicio. A diario, Omar desembolsa 2 mil 700 pesos para pagar tres pipas de agua con las que lava su producto y posteriormente enviarlo al interior del país.

 

central-hectareas-movimiento-superior-millones_MILIMA20140413_0039_11La central abarca 304 hectáreas y genera un movimiento anual superior a 100 millones de pesos.

 

Omar Córdoba es vendedor de papas en la Central de Abasto de la Ciudad de México y desde hace siete meses no tiene abasto de agua, como el resto de los 3 mil 700 locales a los que se les suspendió el servicio.

A diario, Omar desembolsa 2 mil 700 pesos para pagar tres pipas de agua con las que lava su producto y posteriormente enviarlo al interior del país. “Las papas vienen del campo muy sucias, llenas de tierra y lodo; necesitamos lavar el producto y si no lo hacemos o lo hacemos mal, nadie las compra, porque van para hacerlas fritas”, dice.

En este tiempo, el productor ha pagado 324 mil pesos para comprar el líquido, lo que se suma a los 2 mil 500 pesos de su recibo, el cual tiene que pagar aunque no tenga el servicio.

La falta de agua se originó desde febrero del año pasado y en agosto se agudizó, después de que la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México y el Sistema de Aguas anunciaron que suspenderían el servicio para cambiar 32 kilómetros de tubería podrida con una inversión de 120 millones de pesos.

Originalmente los trabajos tardarían tres meses y en noviembre el abasto quedaría restablecido con la nueva red aérea.

El director de la Central de Abasto, Julio Serna, aseguró que en los próximos días o semanas el servicio se estabilizará a 70 por ciento. “Hay algunas secciones, como frutas y verduras, que ya tienen agua, pero esto no depende de nosotros, sino del Sistema de Aguas”, aclaró. Sin embargo, la realidad es otra.

En el pasillo M, de la sección de frutas y legumbres, donde se ubican los limoneros y naranjeros, los comerciantes aseguran que no hay agua desde hace 15 meses.

Comentaron que, aunque ellos la necesitan menos que los paperos, deben de comprar tambos de agua cada tres días, a un costo de 200 pesos, para la higiene y el uso de los baños.

El problema es tan crítico que en los baños de la central no se permite la entrada por la falta de agua, pero si los trabajadores, empleados, cargadores, diableros, comerciantes y clientes acarrean sus cubetas, se les permite pasar.

Jaime Hernández es ayudante en la bodega M103 Rancho La Tembladera, de citricultores deVeracruz, y acarrea su cubeta 200 metros para poder ir al baño. “De otra manera no te dejan pasar y llevamos meses así”, recuerda.

Desde febrero se suspendió el servicio de la central, un espacio de 304 hectáreas que genera un movimiento anual superior a 100 millones de pesos.

“Tenemos un tonel, compramos agua diariamente, siete garrafones a 10 pesos y eso no es correcto, porque nos están cobrando el agua que no tenemos”, dice Martín Jiménez, comerciante de mango.

Los dos problemas actuales, de acuerdo con la asociación Central de Abasto AC, son el cobro elevado en las boletas del agua y la falta del suministro.

Pero actualmente el desabasto del líquido no es la única problemática, también tiene conflictos serios con la basura y las calles saturadas de baches. “Así la dejaron por muchos años, ahora lo que estamos haciendo es rescatarla y será poco a poco”, explica Serna.

Los 3 mil 700 locales comerciales y bodegas pagan un mantenimiento de 3 mil 200 pesos cada uno, lo que equivale a una recaudación de 12 millones de pesos al mes; sin embargo, muchos de ellos tienen que pagar extra para que les recoja la basura y ahora también comprar tambos de agua y transportarlos en camionetas.

Ante este panorama, los propios clientes, como Jesús Leal, se decepcionan de visitar la central, que maneja 60 por ciento de la alimentación del país. “Vengo tres veces por semana y cada vez está peor, no hay agua, tiene que ir uno a orinar a la calle… la basura. ¿Qué pasa? Ahora así que qué les pasa.

Milenio