Los peces de aguas oceánicas ácidas son menos capaces de oler a los depredadores

Los peces que viven en los arrecifes de coral, donde el dióxido de carbono se filtra del suelo oceánico, son menos capaces de detectar el olor de un depredador que los peces de los arrecifes de coral normales, según revela un nuevo estudio publicado en la edición digital avanzada de ‘Nature Climate Change’. El trabajo confirma los experimentos de laboratorio.

 

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Los peces que viven en los arrecifes de coral, donde el dióxido de carbono se filtra del suelo oceánico, son menos capaces de detectar el olor de un depredador que los peces de los arrecifes de coral normales, según revela un nuevo estudio publicado en la edición digital avanzada de ‘Nature Climate Change’.

El trabajo confirma los experimentos de laboratorio que muestran que el comportamiento de los peces de arrecife puede verse seriamente afectado por concentraciones crecientes de dióxido de carbono en el océano y es el primero en analizar el deterioro sensorial de los peces por las filtraciones de CO2, donde el pH es similar a lo que los modelos del clima pronostican para las aguas superficiales para el cambio de siglo.

“Estos resultados verifican los hallazgos de laboratorio”, afirma la profesora asistente en la Escuela de Biología en el Instituto de Tecnología de Georgia, en Atlanta, Estados Unidos, Danielle Dixson. “No hay diferencia entre los peces tratados con CO2 en el laboratorio en las pruebas de sus apreciaciones químicas en comparación con los que cogimos del arrecife de CO2”, agrega.

El pH del agua normal de la superficie del océano es de alrededor de 8.14. El nuevo estudio examinó los peces de los llamados arrecifes de burbujas con una filtración de CO2 natural en Papua Nueva Guinea, donde el pH es de un promedio de 7.8. Con las emisiones de gases de efecto invernadero de la actualidad, los modelos climáticos pronostican un pH de 7.8 para las aguas superficiales del océano en 2100, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

“Hemos sido capaces de analizar los efectos reales a largo plazo en este ambiente -destaca Dixson–. Uno de los problemas con la investigación sobre la acidificación de los océanos es que está toda basada en el laboratorio o se está probando algo que va a pasar en unos cien años con los peces que hay a día de hoy, lo que no es realmente exacto”.

Investigaciones anteriores habían llevado a la especulación de que la acidificación del océano podría no dañar a los peces si estos podían amortiguar sus tejidos en agua acidulada cambiando sus niveles de bicarbonato. Munday y Dixson fueron los primeros en demostrar que los sistemas sensoriales de los peces se deterioran en condiciones de acidificación de los océanos en el laboratorio.

“Ellos pueden oler pero no pueden distinguir entre señales químicas”, concreta Dixson. El dióxido de carbono liberado a la atmósfera se absorbe en aguas oceánicas, donde se disuelve y baja el pH del agua, y las aguas ácidas afectan al comportamiento de los peces mediante la interrupción de un receptor específico en el sistema nervioso, llamado GABAA, que está presente en la mayoría de los organismos marinos con sistema nervioso. Cuando GABAA deja de funcionar, las neuronas dejan de funcionar correctamente.

AUMENTO DE MORTALIDAD POR DEPREDACIÓN

Los análisis de hábitats de arrecifes de coral han detectado que los cambios de comportamiento inducidos por el CO2, similares a los observados en este nuevo estudio, aumentan la mortalidad por depredación por más de cinco veces en los peces recién asentados.

Los peces pueden oler cuando un pez se come a otro pez y evitar el agua que contiene ese aroma. En experimentos de laboratorio de Dixson, los peces de control a los que se les dio a elegir entre nadar en agua normal o agua enriquecida con el olor de un depredador eligieron el agua normal, pero aquellos criados en agua acidificada con dióxido de carbono escogerán pasar tiempo en el agua con rastro de olor a depredador.

Los peces jóvenes que viven entre filtraciones de dióxido de carbono y fueron traídos en un barco para realizar las pruebas de comportamiento tuvieron casi el mismo deterioro en la detección del depredador que los especímenes juveniles criados en niveles de CO2 similares en el laboratorio, halló el nuevo estudio.

PECES EN LOS ARRECIFES

Los peces en la burbuja de los arrecifes también fueron más audaces. Según un experimento de estos investigadores, los peces procedentes de la filtración de CO2 salieron del refugio al menos seis veces antes de lo que los peces de control después de vivir un disturbio que lo enviara de nuevo al refugio.

A pesar de los dramáticos efectos de la alta concentración de CO2 en los comportamientos de los peces, se encontraron relativamente pocas diferencias en la riqueza y composición de especies y la abundancia relativa de peces entre la filtración de CO2 y el arrecife de control. “Los peces son metabólicamente iguales entre el arrecife de control y el arrecife de CO2 –afirma Dixson. Sólo hemos visto efectos en su comportamiento”.

Los investigadores encontraron que el número de grandes peces depredadores fue menor en el agua con filtración de CO2 en comparación con el arrecife de control, lo que podría compensar el mayor riesgo de mortalidad debido a un comportamiento anormal de los peces, según los investigadores. En futuros trabajos, el equipo pondrá a prueba si los peces podrían adaptarse o aclimatarse a las aguas ácidas.

“Es un paso en la dirección correcta en términos de responder a los problemas de acidificación del océano -valora Dixson–. La alternativa es simplemente esperar cien años. Por lo menos, ahora podemos prepararnos para lo que podría estar sucediendo”.

Europa Press