Limeños consumen el doble de agua que los parisinos

¿Usted tarda más de diez minutos bañándose en la ducha, riega su jardín más de una vez al día o no ha puesto fin al goteo incesante de caños o inodoros dañados de su casa? Si la respuesta es afirmativa, entonces usted forma parte de los limeños que tienen acceso al agua potable (más de 8 millones), pero que la gastan hasta un 30% más de lo que deberían.

 

?Foro Mundial para la Naturaleza alerta que consumo en Lima es 30% más de lo debido.

 

¿Usted tarda más de diez minutos bañándose en la ducha, riega su jardín más de una vez al día o no ha puesto fin al goteo incesante de caños o inodoros dañados de su casa?

Si la respuesta es afirmativa, entonces usted forma parte de los limeños que tienen acceso al agua potable (más de 8 millones), pero que la gastan, en promedio, hasta un 30% más de lo que deberían, según el estudio “Un frágil ciclo. Agua, energía y población en Lima”, del Foro Mundial para la Naturaleza (WWF).

Ayer se conmemoró el Día Mundial del Agua y las cifras nos enrostran cuán responsables somos los limeños con este recurso: estadísticamente un capitalino consume 250 litros de agua cada día. Este gasto en una urbe donde no llueve está muy por encima de ciudades como Santiago de Chile, Bogotá y París. En la capital francesa, cada ciudadano gasta apenas 120 litros.

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“La mayoría cree que el agua es gratis y que solo basta con que caiga del cielo. Es una cuestión de cultura. Simplemente, acá no la hay”, lamenta Juan Riveros, director de Conservación de la WWF y uno de los autores del mencionado estudio.

Los malos ejemplos sobran. Solo en febrero, según estimaciones de Sedapal, los carnavaleros derrochan en la capital hasta 120 millones de litros de agua. Para ser más claros: botan el agua que llenaría la quinta parte del Estadio Nacional o 30 piscinas olímpicas.

Riveros pone énfasis en este mal hábito de consumo, y no es para menos. El especialista recuerda que mientras la mayoría desperdicia el agua por la que paga cerca de S/.3 por m3, en las periferias de la ciudad unas 600 mil personas en extrema pobreza pagan hasta tres veces más por m3 de agua potable.

El crecimiento masivo de la población y este consumo excesivo hacen que anualmente en Lima se gaste cerca de 700 millones de m3 de agua, cuando las lagunas solo pueden almacenar menos de la mitad en las alturas de Ticlio. En Santiago de Chile, donde hay solo seis millones de habitantes, las reservas llegan a 900 millones de m3.

Otro de los problemas es la falta de planificación urbana de algunos distritos donde se construyen edificios con más altura de la normada.

Según el experto de la WWF, esto se debe a que los funcionarios municipales otorgan licencias de edificación sin tener un plan maestro que regule las instalaciones de agua y desagüe de sus jurisdicciones.

Juan Barandiarán Rojas, gerente de Desarrollo e Investigación de Sedapal, asegura que el año pasado se instalaron 1’412.000 conexiones nuevas de agua en unas 500 mil casas y edificios.

El gerente afirma que con este incremento se ha logrado abastecer al 93% de los limeños. En distritos como San Juan de Lurigancho, El Agustino, Comas e Independencia, la mayoría de los sistemas de agua y alcantarillado apenas funciona seis horas al día.

MÁS OBRAS Y MÁS AHORRO

¿Qué soluciones se buscan? Sedapal y el Ministerio de Vivienda han puesto sobre la mesa 148 proyectos de ampliación de cobertura y rehabilitación de redes para atender al 100% de la población en el 2017. Esto se realizaría con una inversión de S/.9’194.000.

Uno de estos es la planta desalinizadora de agua de mar que abastecerá los distritos del sur: Santa María, San Bartolo, Punta Negra y Punta Hermosa.

Además, están el megaproyecto Marca II, que buscará aumentar para el 2018 el caudal del río Rímac en 2 m3/s, y la mejora de la planta de tratamiento de agua en La Atarjea. Queda pendiente ejercer la buena voluntad del ahorro.

En tanto, la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass) ha iniciado una campaña de concientización en más de 100 colegios del país. Solo falta el aporte del ciudadano: el ahorro.

El Comercio