Entre aguateros y camiones: la historia del agua en Lima

Aunque hoy parezca increíble, hasta 1552 los limeños tomaban agua directamente de las orillas del río Rímac. A partir de ese año las autoridades empezaron a buscar otras fuentes de agua limpia, como los manantiales de La Atarjea, donde, en 1563, se construyó el primer acueducto para dotar de agua a la pileta de la Plaza de Armas y algunos conventos.

 

base_imageEn los años 50, los pobladores de Pucusana celebraban la llegada del camión con agua.

 

Aunque hoy parezca increíble, hasta 1552 los limeños tomaban agua directamente de las orillas del río Rímac. A partir de ese año las autoridades empezaron a buscar otras fuentes de agua limpia, como los manantiales de La Atarjea, donde, en 1563, se construyó el primer acueducto para dotar de agua a la pileta de la Plaza de Armas y algunos conventos. Casi tres décadas después, el agua llegó a dichos lugares.

En tiempos de la Colonia el servicio de distribución estaba a cargo de los aguateros. Ellos viajaban montados en burros con dos grandes cántaros de agua.

Las primeras tuberías instaladas en la capital eran de arcilla. Luego fueron reemplazadas por las de fierro. La Empresa de Agua Potable fue la primera entidad que hizo importantes trabajos para mejorar el abastecimiento, tales como la construcción de dos tanques de almacenamiento.

En 1884, 150 mil limeños consumían 32 millones de litros de agua por día. Sin embargo, su calidad era pésima y causaba enfermedades estomacales.

En 1917, el alcalde del Concejo Provincial de Lima y presidente de la Junta Municipal de Agua Potable, Luis Miró Quesada de la Guerra, inauguró la primera planta de clorinación, lo que garantizó la purificación de las aguas.

Inicialmente la población se mostró escéptica. El joven alcalde no se detuvo y mandó a ejecutar las obras. Sin avisar a los vecinos, se puso en funcionamiento la planta. De esta forma los desconfiados limeños se convencieron de que el agua no era dañina.

LAS EMPRESAS DEL AGUA

En la década del 20 las obras sanitarias estuvieron a cargo de la empresa inglesa The Foundation Company. La ciudad fue creciendo hacia los cerros sin incluir ni ampliar la red de agua potable y desagüe.

Durante el segundo gobierno de Manuel Prado (1962), se creó la Corporación de Saneamiento de Lima (Cosal). La colocación de medidores y el establecimiento de nuevas tarifas fueron algunos de sus logros. En 1969 la Empresa de Saneamiento de Lima (ESAL) tomaría la posta y en 1981 el Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima (Sedapal). Esta empresa es hasta nuestros días la encargada de mejorar la distribución de agua potable a los distritos.

Al revisar las noticias de los últimos 20 años, vemos que las referidas a escasez y racionamiento de agua son tan frecuentes como lo son hoy en ciertas épocas del año. Incluso, en algunos de los denominados tiempos de ‘caños secos’ la tarifa del agua aumentaba.

Las sequías, el incremento de la población y el poco interés en concretar proyectos conspiran para que en Lima el agua llegue a cuentagotas. Actualmente la cuarta parte de la población, calculada en ocho millones, no cuenta con el servicio de agua potable. En pleno siglo XXI los aguateros siguen viajando por la periferia, pero en camiones-cisterna.

El Comercio