¿Agua para quiénes?

“Si se le entrega al gobierno la administración del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena”. Así graficaba Milton Friedman la incapacidad de los estados y gobiernos de manejar los recursos públicos. Salvo honrosas excepciones, los experimentos de gestión estatal de empresas y actividades acarrean, en casi todo el planeta, una combinación infeliz de dispendio y corrupción.

 

base_image¿Qué necesita el gobierno para asegurar la provisión esencial de agua y desagüe?

 

“Si se le entrega al gobierno la administración del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena”. Con estas palabras, más o menos, graficaba el economista Milton Friedman la incapacidad secular de los estados y gobiernos de manejar los recursos públicos. Salvo honrosas excepciones, los experimentos de gestión estatal de empresas y actividades acarrean, en casi todo el planeta, una combinación infeliz de dispendio, ineficiencia, baja calidad y corrupción.

Lo hemos vivido los peruanos y lo seguimos padeciendo en todos los ámbitos en donde el Estado construye obras, produce cosas o brinda servicios. ¿Será porque los gerentes y técnicos pierden automáticamente el buen juicio, apenas incorporados a una planilla estatal? No es improbable que algo de ello ocurra, pero lo más verosímil es que, tratándose de dinero que es de todos y no es de nadie, desaparezcan los incentivos para cuidar de él.

No todas estas ineficiencias impactan de la misma manera en la sociedad. La sobrevaloración de obras públicas es terrible, como es penosa la incapacidad de comprar a tiempo los vagones para movilizar pasajeros en el tren eléctrico o bloquear las llamadas de los celulares desde las prisiones.

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