Vigilantes para un mar limpio

Lo que en Galicia llaman chapapote, en las Islas Canarias se conoce como piche.De repente, un bañista o un buceador da la alarma: una sustancia negruzca y viscosa llega al litoral. Sucedió en Agüimes (Gran Canaria) hace 15 días. Un vertido tiñó de oscuro una zona protegida, la playa del Cabrón, paraíso de submarinistas.

 

vigilantesJulio Castro, técnico de Salvamento Marítimo / TANIA CASTRO

 

Solo unos meses antes, en abril, muy cerca de ese lugar, otro derrame obligó a cerrar al baño dos playas. Cuando se detecta en el mar un vertido de hidrocarburos, lo primero es intentar que no alcance la costa. Lo siguiente, averiguar de dónde procede.

El proyecto Clean Seas (mares limpios), uno de los mayores estudios sobre contaminación marina por vertidos, determinó que solo el 7% del fuel que aparece en el mar se debe a grandes accidentes como el del Prestige. Son los miles —quizá millones en el mundo— de pequeños derrames los que contaminan las aguas y generan un enorme impacto medioambiental. Accidentales o intencionados, estos vertidos están en el punto de mira de la comunidad internacional desde los años setenta, cuando la ONU promovió la aprobación del convenio MARPOL para prevenir la contaminación por los buques.

Los marinos tienen una palabra para referirse a lo primero que sospechan cuando el piche llega a una playa: sentinazo. Los restos del aceite y del fuel usado se almacenan en un depósito de los buques llamado sentina. El convenio MARPOL obliga a vaciarla en puerto, a cargo de empresas que recogen esos residuos, pero algunos capitanes, o sus armadores, intentan ahorrar tiempo y dinero haciéndolo en alta mar y confiando en no ser descubiertos, como explica Santiago Ordás, decano de la Facultad de Náutica de Barcelona (UPC). “Algunos armadores piensan que descargar en mar abierto les puede producir un ahorro, pero sin duda será inferior a las sanciones a las que se enfrentan si son denunciados si se prueba que han contaminado”, añade.

Ricardo Aguilar, biólogo y director de Investigación y Proyectos de la conservacionista Oceana, es muy escéptico con esas sanciones, al menos en lo que respecta a España. “El Mediterráneo es el mar más contaminado del mundo por hidrocarburos, y las Canarias están en una vía de transporte de carburantes donde los vertidos son habituales. Pero ocurre como con los incendios. Hay miles cada año, pero pocos se investigan y la inmensa mayoría no se persiguen”, asegura. Los capitanes de buques petroleros, gaseros, quimiqueros o de contenedores, añade, saben bien dónde pueden arriesgarse a saltarse la legislación internacional. Mientras el Báltico y el mar del Norte “están muy vigilados, pasada la Bretaña francesa hacia el sur saben que hay cada vez menos medios para controlarles”, dice Aguilar.

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