“Usos del agua”, de José A. Balboa de Paz para el Diario de León.

El agua ha sido una fuente de conflicto por los intereses que su uso ha suscitado a lo largo de la historia.

25_03_2012_13_35_50_434923804El agua ha sido una fuente de conflicto por los intereses que su uso ha suscitado a lo largo de la historia. Xosé Candal sostiene que, después de los montes, el agua fue la segunda causa de los pleitos que se sustanciaron en la Real Audiencia de la Coruña en la Edad Moderna; probablemente fueron también numerosos en la Chancillería de Valladolid, aunque no conozco sus datos. De los 1.434 juicios instruidos o que se conservan del siglo XVIII —otros muchos ni siquiera llegaban a esa instancia— en el Archivo Histórico de Galicia, el 95% fueron debidos a conflictos por el uso del agua para el riego, especialmente por el aumento en la segunda mitad del siglo de las tierras dedicadas a prados, aunque también hubo un porcentaje, entre un 8 y un 11%, entre regantes y molinos. No fueron los únicos, pues el agua movía otros muchos artilugios (ferrerías, batanes, fábricas de curtidos) sometidos igualmente a intereses enfrentados.

Tal cantidad de pleitos es un signo de su importancia como recurso económico. Con la desaparición de algunos de aquellos usos, surgieron posteriormente otros. El Boletín Oficial de la provincia de León, a caballo de los siglos XIX y XX, está lleno de concesiones de caudales de agua para mover las turbinas de centenares de pequeñas fábricas de luz. Este tipo de instalaciones dejó paso más adelante a las grandes centrales hidroeléctricas. Desde hace algunos años, se ha renovado el interés por la construcción de pequeños saltos en los ríos leoneses, especialmente en el Bierzo, para instalar minicentrales, que vuelven a ser rentables. En todos los casos, los ecologistas, con apoyo vecinal, se han opuesto a su construcción. Los últimos ejemplos los hemos visto estos días con las que se proyectan en los ríos Barjas y Ancares.

Las razones que se alegan son de carácter medioambiental, pues se supone que las obras tendrán graves consecuencias en la fauna y la flora, y por la modificación el paisaje. En algunos casos es cierto, aunque no necesariamente. Durante siglos los ríos se han utilizado sin grandes daños a su medio. Los pleitos no se suscitaban por esa razón sino por conflictos de intereses. Hoy somos más conscientes del valor ecológico; pero quizá nos resulte más lacerante aún conocer que los promotores de estas obras son siempre los mismos, se oculten o no bajo neutros nombres de empresa, que se enriquecen a costa de lo público. Creo que aquí está una de las razones de la nueva conflictividad. Sin embargo, esas iniciativas privadas también tienen una finalidad pública: producen una electricidad menos contaminante y crean algún puesto de trabajo. La Administración debe conjugar todos esos intereses antes de conceder los permisos, y los ecologistas han de ser más flexibles en esta cuestión.

Fuente: Diario de Leon