Terremotos y contaminación del agua, los principales ‘peros’ al gas de esquisto

  • En nuestro país se han dado permisos de prospección en las zonas del Cantábrico.

  • En pequeñas grietas de las rocas se inyectan a alta presión toneladas de agua mezcladas con arena y productos químicos.

  • De esta forma se fractura el esquisto y se libera el gas.

 

 

 

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El gas y el petróleo esquisto, los nuevos recursos naturales que están llamados a replantear el panorama energético mundial, han generado adeptos pero también detractores. El impacto medioambiental que genera su extracción se ha constituido en uno de los principales alegatos de los que están en contra de esta energía.

Para extraer el gas, se debe construir un pozo vertical hasta que se alcance la capa de roca esquisto. Una vez realizado esto, se dirige un taladro o perforadora en dirección horizontal a lo largo de la bolsa de gas de esquisto.

Después, se crean unas brechas que se mantienen abiertas durante la inyección de agua a alta presión (90%) con arena (9,5%) y otros químicos (ácidos, cloros y sales, entre otros. Tras la extracción del gas, esta agua se devuelve a la superficie.

Este proceso ha sido atacado por dos motivos fundamentales: los movimientos sísmicos que provoca la perforación en sí, y la gran cantidad de agua que se ha de utilizar, ya que la perforación se realiza mediante un sistema hidráulico. Informes de la Unión Europea hablan de que para extraer un pozo tipo de gas de esquisto se necesitarían entre 2.300 y 4.000 metros cúbicos.

Es lo que se llama la técnica de fractura hidráulica, que lleva consigo, además de los movimientos sísmicos, una contaminación del agua que se utiliza, según las asociaciones ecologistas contrarias a esta energía.

La técnica de extracción es igual para el petróleo del esquisto, el ‘shale oil’ como se conoce en su término inglés. Se combina una excavación horizontal con una fracturación hidráulica. Para liberar el gas se utilizan explosivos que provocan pequeñas grietas en la roca, y es en estas grietas en las que se inyectan las toneladas de agua, mezcladas con arena y productos químicos, a alta presión. De esta forma, se termina de fracturar el esquisto y liberar el gas.

La fracturación hidráulica es una técnica que se ha utilizado con éxito en más de 1,2 millones de pozos desde 1947, principalmente en Canadá y Estados Unidos. En Europa se lleva utilizando desde hace 30 años.

Este sistema provocó en 2011 dos pequeños movimientos sísmicos en el norte del Reino Unido, zona en la que existen pozos de explotación de este gas, que llevaron al país a suspender la actividad.

Sin embargo, recientemente ha retomado las prospecciones después de que el Ministro de Energía británico asegurara que “el gas de esquisto es una promesa para el futuro energético del Reino Unido, para la reducción de las emisiones de CO2 y para la creación de miles de empleos”. Eso sí, se han impuesto controles más estrictos de seguridad para reducir los riesgos de actividad sísmica.

La Unión Europea, en este sentido, recoge en un reciente informe aprobado en noviembre de 2012 que el gas de esquisto alcanzar el objetivo de la Unión de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 80-95 % de aquí a 2050.

En nuestro país, se han dado permisos de prospección en zonas del Cantábrico.

Fuente:   teinteresa.es