Prevenir, prever y utilizar en caso de emergencia

Los satélites de observación están equipados de sensores pasivos (sistemas ópticos) y activos (radar y láser) que son cada vez más avanzados. La ventaja primordial de estos captores espaciales es la repetitividad y la regularidad de sus tomas de imágenes y de los datos transmitidos. Su utilización ayuda en dos etapas fundamentales dentro de la gestión de los problemas y de las situaciones de riesgo o de emergencia: la previsión y la prevención.

Inundaciones en el valle del río Saône (Francia) en 2001: a la izquierda, la crecida de los ríos; en el centro, la inundación y a la derecha, las tierras afectadas por las aguas. ©ESA

Inundaciones en el valle del río Saône (Francia) en 2001: a la izquierda, la crecida de los ríos; en el centro, la inundación y a la derecha, las tierras afectadas por las aguas. ©ESA

La prevención pretende establecer diagnósticos o escenarios de las situaciones medioambientales actuales o futuras. Se basa en la captación y en la toma de imágenes y de mediciones, en particular en las zonas con problemas o riesgos determinados. Los datos proporcionados por diferentes satélites deben ser evaluados, lo que suponen grandes intercambios de información y la posibilidad de compararlos entre sí (de ahí la noción clave de “sistema de sistemas”). Se pretende cartografiar de forma precisa las características específicas de las diversas regiones de la Tierra a escalas locales o más amplias, poner al día sistemas de información geográfica con regularidad, establecer modelos comparativos a partir de situaciones idénticas, y gestionar los medios que pueden limitar el alcance y la gravedad de los riesgos naturales además de los causados por el hombre (contaminaciones, incendios).

La previsión se inscribe en una perspectiva a corto plazo que puede ir desde las veinticuatro horas hasta varios días. El ejemplo más conocido es el de los enormes avances conseguidos por la meteorología, gracias a la “mirada” de los satélites geoestacionarios (a 35.800 km por encima del ecuador) y polares (entre 500 y 1.000 km sobrevolando los polos). Las imágenes y los datos transmitidos (analizados junto con la información de las redes terrestres), alimentan los modelos informáticos para discernir los cambios, localizar el origen de un fenómeno y seguir permanentemente la forma en que evoluciona.

Ya sea de cara a una tempestad o a un ciclón, al avance de las mareas negras, a los maremotos, a las inundaciones o a los incendios forestales, la observación por satélite facilita la organización de las acciones y la optimización de las intervenciones de rescate de vidas humanas. Con esta perspectiva, es necesario gestionar un enorme flujo de datos que hace falta procesar en tiempo real para extraer información útil de forma rápida.

En lo que respecta a los seísmos, la previsión sigue estando en el estadio experimental. Se están llevando a cabo numerosas investigaciones para que un día la captación por satélite pueda dar alertas, antes del desencadenamiento de terremotos o de erupciones volcánicas. Ello utilizando la “escucha” de los crujidos de las rocas en las zonas con fuerte índice de sismicidad, la medición de los flujos de temperatura a lo largo de las costas, o bien el análisis de las perturbaciones electromagnéticas en toda la Tierra.

Un artículo publicado en I+DT info

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