Pescar compresas en aguas de Barcelona

Los barcos arrastreros sufren un suplicio por la abundancia de miles de productos de celulosa y algodón. Los residuos llegan al mar a través del alcantarillado en situaciones de tormentas intensas

Los barcos arrastreros que faenan en las aguas costeras de Barcelona se encuentran a menudo con una desagradable sorpresa: cuando alzan sus artes de pesca, aparecen adheridos a los hilos, prácticamente pegados, kilos y kilos de restos de celulosa y algodón procedentes de compresas, toallitas higiénicas y salvaslips.

Se trata en su mayor parte de productos arrojados por el retrete, de forma imprudente e incívica, que han acabado en el agua al colapsarse el alcantarillado en momentos de lluvias intensas. Los residuos, que ocupan una gran superficie en el fondo marino más cercano a la ciudad, alcanzan en casos extremos “acumulaciones de varios palmos de alto” relata José Antonio Caparrós, veterano patrón de un arrastrero con puerto en Barcelona, quien asume que ahora debe irse muy lejos, hasta el Garraf, para lograr pescar gamba. “El problema no es nuevo -insiste-, pero ahora hay mucho más”.

A diferencia de los plásticos o los restos de vegetación, que flotan y son más fáciles de recoger, los productos derivados del algodón y la celulosa absorben el agua y acaban depositándose en las profundidades. Y allí permanecen hasta que se descomponen y finalmente los arrastra una red. “Los arrastreros hacen un poco de basureros del mar”, ilustra Vicens Forner, vecino y cronista de la Barceloneta que documenta desde hace años la actividad pesquera en el puerto de la ciudad.

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