«No queremos más enfrentamientos, ni que el agua sea arma arrojadiza»

El pasado miércoles salía a exposición pública el Plan Hidrológico del Júcar, un diseño de estos recursos hídricos que en esta provincia se vehiculan a través del río Vinalopó y que, además de contentar a los regantes locales, puesto que al parecer recogerá agua de calidad, supone un ejemplo de que las negociaciones con Madrid esta vez sí funcionan. Pero a su vez, sienta otro buen precedente de cara a cerrar la negociación con los otros dos planes hidrológicos pendientes que también repercuten en los alicantinos: el del Tajo y el del Segura, ambos también todavía en fase de consulta pública.

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Años lleva la provincia de Alicante esperando soluciones que no terminan de paliar su deficitaria situación hidrológica. ¿Qué puede comentar al respecto? ¿Hay esperanzas para los alicantinos afectados por los planes hidrológicos del Tajo, Júcar y Segura?
Uno de los principales objetivos que se ha marcado este Gobierno es garantizar las necesidades objetivas de los territorios. Para ello vamos a impulsar un Pacto Nacional del Agua que nos permita asignar un recurso escaso y vital como es el agua de manera eficaz, eficiente y equitativa. La base de ese gran pacto es la aprobación de los planes hidrológicos que defienden la gestión integral del recurso, con actuaciones coordinadas en materia de saneamiento, abastecimiento, depuración y reutilización. Por lo que respecta a Alicante, estamos superando los últimos trámites administrativos que nos permitan aprobar los planes hidrológicos del Tajo, del Segura y del Júcar, que definirán la situación actual de cada cuenca, sus demandas y las mejores fórmulas para atender esas demandas.

La batalla del agua, entre castellano-manchegos, por un lado, y alicantinos, murcianos y almerienses, por otro, lejos de apaciguarse parece que cada vez que se autoriza un desembalse la tensión sube un peldaño más. ¿Cómo ve usted esta situación?
No estoy de acuerdo con su punto de vista, yo creo que estamos dando pasos que están demostrando que el agua no es un campo de batalla, sino de cooperación. No queremos más enfrentamientos, ni que el agua se vuelva a utilizar como arma arrojadiza. Vamos a cambiar el discurso, vamos a empezar a hablar del agua como un campo de oportunidades para el desarrollo. Para el Gobierno los planes hidrológicos del Tajo, Júcar y Segura son el embrión de esa nueva fórmula de orientar la gestión del agua. Nuestro objetivo prioritario es aprobar los planes hidrológicos de esas cuencas.

¿De verdad que no hay modo de que los regantes de ambas partes salgan contentos y beneficiados?
Yo estoy firmemente convencida de que vamos a llegar a un acuerdo que satisfaga a todos. Los planes hidrológicos están recogiendo distintas soluciones para garantizar el suministro que pasan por nuevas infraestructuras de regulación, por potenciar el uso eficiente del agua y por incorporar recursos no convencionales al ciclo del agua como la reutilización, regeneración y desalación. Una vez que estén aprobados todos los planes hidrológicos será el momento de adoptar las soluciones más adecuadas para cada caso, que confío que contarán con el consenso de todas las partes.

Sobre el Plan Hidrológico del Tajo existe un borrador para llegar a un acuerdo con el Ministerio, y se ha negociado un memorándum junto con los regantes de Alicante y Murcia. ¿Hacia dónde vamos? ¿Habrá consenso de todos? ¿Si no está Castilla-La Mancha todo quedará en papel mojado?
En las cuencas del Tajo y Segura estamos avanzando por un camino que yo creo que se había empleado muy poco hasta ahora, que no es otro que el de la colaboración y el diálogo. Desde luego nuestro objetivo es conseguir alcanzar el mayor consenso posible con todos los usuarios. El memorándum nos está precisamente permitiendo establecer un diálogo constructivo con los distintos usuarios y administraciones para dejar constancia de qué es lo que nos reclaman y hasta dónde podemos llegar conforme a la normativa vigente.

¿El memorándum se hará ley?
Lo que le aseguro, desde luego, es que el memorándum no va a quedar en papel mojado. No tiene sentido impulsar estos acuerdos si después no van a servir para nada.

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