Las rutas sevillanas del agua

Bajo la ciudad siempre existieron ríos salvajes. Un mapa del revés por donde transcurrían caños ocultos y senderos de tuberías que provocaban inquietantes músicas acuáticas. Desde muy pronto fue Sevilla ciudad de pozos, aljibes, fuentes, estanques, baños públicos y pilas de abluciones o bautismales. En sus cuadros se suceden aguadores velazqueños y Vírgenes de navegantes y en sus poemas, odas al Guadalquivir o a serenas fuentes machadianas.

 

13938371909353Baños de Doña María de Padilla / ESTHER LOBATO

 

Hay una Sevilla acuática paralela a la real y visible. Una crónica de aguas que recorren el subsuelo hasta asomar en fuentes renacentistas y pilones medievales. Aguas que durante siglos regaron huertas que alimentaron a sevillanos que ya no existen, pero también de aguas rebeldes que asolaron la ciudad en trágicas inundaciones.

En una ciudad cuya historia se asienta en su destino de puerto de Indias por la importancia del calado de navegación de su río, no podía ser ajena a la crónica de sus aguas. Y aprovechando los cuarenta años de Emasesa y los cincuenta de la inauguración de la Planta de Tratamiento de Agua Potable del Carambolo, se ha creado un itinerario que propone descubrir estas arterias ocultas bajo la ciudad.

Los visitantes recorren el Patio de los Naranjos, los Alcázares, los Jardines de Murillo, la Buhaira y el Antiquarium que componen los llamados mapas del agua.

Las condiciones geográficas de la ciudad hicieron que existieran muchos pozos pero de agua salobre de los flujos y reflujos de las mareas. En las crónicas se advierte que para recoger agua del río era mejor una zona a la que no llegara el flujo y reflujo de las mareas y que así no fuera salada. Los azacanes o aguadores solían sacarla del malecón de la Barqueta. Y ya en el tratado Sevillana Medicina de Juan de Aviñón en el siglo XV se advertía en el capítulo De los beveres que las aguas más limpias eran las de la Puerta de Bibarragel y de la Macarena.

Sin embargo, desde bien pronto, existió agua depurada en las calizas de los Alcores y que llegaba por los Caños de Carmona desde el manantial de Santa Lucía en las inmediaciones de Alcalá de Guadaira. La construcción de esos caños fueron obra del califa almohade Abu Yacub Yusuf. El agua llegó a Sevilla el 13 de febrero de 1172.

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