La Tragedia del Camping de Biescas

El 7 de agosto de 1996 la muerte y la tragedia llegó al camping Las Nieves de la localidad oscense de Biescas. Fueron 87 personas las que perecieron y 183 los heridos como consecuencia de la riada sufrida. El camping está situado a un kilómetro aproximadamente aguas abajo de Biescas, sobre el cono de deyección del Torrente Arás, justo antes de su desembocadura en el río Gállego.

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El barranco de Arás es un afluente perpendicular al valle glaciar del río Gállego, desarrollado sobre las turbiditas del Eoceno surpirenaico, compuestas por secuencias rítmicas de areniscas y margas intercaladas con bancos de calizas que les confieren una gran inestabilidad. La morfología de la cuenca está  definida por una cubeta colgada en la que se encaja el tramo bajo del barranco con fuerte pendiente. La cuenca tiene 18,8 km2 y una altitud entre 2189 y 940 m, o sea, 1239 m de desnivel que propician la formación a su salida de un gran cono de 52,4 ha de extensión

Al camping las nieves, le alcanzo la desgracia a través de la naturaleza, según los expertos por una mala gestión de los recursos forestales e hidrográficos.

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Eran sobre las 19.00 horas del día 7 de Agosto de 1996 y todo comenzó con unas gruesas gotas de lluvia que caían sobre el camping de las nieves en cual habían cientos de veraneantes, familias completas que disfrutaban, sin saber, que estas gotas de lluvia se convertirían en una precipitación torrencial en cuestión de pocos minutos.

Las administraciones públicas autorizaron la construcción del camping en el cono de deyección del torrente suponiendo erróneamente que la intervención hidrológico-forestal y el encauzamiento escalonado existente en el abanico aluvial garantizarían su seguridad. Sin embargo el fatídico día se produjo una gran tormenta en la cabecera del barranco, con precipitaciones que los técnicos situaron entre 200 y 250 mm, con unos 8 minutos en los que la intensidad pudo llegar a 500 mm/hora. La precipitación registrada en Biescas fue de 160 milímetros. Las mayores intensidades de lluvia se registraron en la cabecera del barranco de Betés (afluente del torrente de Arás), un pequeño arroyo que discurría entre praderías y bosques. El gran caudal de la avenida excavó un nuevo cauce de tremendas dimensiones. La tragedia fue causada por la acumulación de materiales en las cerca de 40 presas de retención de sedimentos existentes en la cuenca y que el agua se llevó por delante.

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Las proporciones de la riada en el cono de deyección fueron dramáticas. Un importante volumen de agua bajó por el barranco cargado de troncos y rocas, para arrasar el camping sin respetar el canal que se le había preparado al agua. Las estimaciones realizadas por diversos autores son dispares y sitúan la riada entre 200 y 500 metros cúbicos por segundo de agua, muy por encima de los 100-120 m3/s de capacidad del canal artificial, que arrastró al menos 68.000 m3 de materiales procedentes de la destrucción de casi 40 presas de retención de sedimentos, es decir entre 122.00 y 136.000 toneladas. Esta avenida corresponde a un periodo de retorno de alrededor de 200 años.

Es de destacar que gracias a las repoblaciones forestales existentes, no se produjo erosión en las laderas, por lo que se redujo el aporte de caudales sólidos. El aumento de los fenómenos de intercepción e infiltración frente a los de escorrentía superficial que supuso la existencia de la masa forestal, supuso así mismo una reducción de los caudales líquidos.

Los diques existentes en los cauces fueron literalmente barridos por la riada.

La riada arrastró hacia el río Gallego a tiendas de campaña, caravanas, automóviles, objetos y personas. Familias enteras se vieron arrastradas por el agua y personas de todas las edades se agarraron a árboles para salvar sus vidas, esconderse en algún pequeño hueco de un remolque convertible o nadar.

A pesar de las opiniones contrapuestas sobre el supuesto periodo de retorno de de 500 años, lo cierto es que en octubre de 1913 y junio de 1929 hubo otras riadas similares, en este último caso con un fallecido al arrastrar la riada al coche de línea de “La Hispano Tensina”.

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El análisis estadístico de caudales, llevó a atribuir a la avenida un período de retorno superior a los 5000 años, mientras que el caudal de la avenida de diseño de 500 años de período de retorno se había evaluado en 100 m3/s. Según este informe, con dicha crecida de 500 años, no se habrían roto los diques de consolidación del torrente, ni superado la capacidad del encauzamiento en el cono de deyección. En consecuencia justificaron que “puesto que la repoblación forestal y los diques consiguieron una reducción

sustancial de materiales sólidos en los cauces y el encauzamiento mantenía el flujo de líquidos y sólido en sus cajeros, se habría logrado la extinción del torrente y la desactivación de su cono de deyección mientras no ocurrieran avenidas superiores a la de diseño”.

Aunque la intervención hidrológico-forestal pudo reducir la magnitud de la riada, en ningún caso debería haberse considerado una solución suficiente a los riesgos naturales de inundación, y más en un cono de deyección.

Sin embargo, el camping se ubicaba en el cono de deyección de un torrente de grandes dimensiones que en el pasado había mostrado una potentísima dinámica torrencial, como muestran las dimensiones de su cono de deyección y las estructuras geológicas originadas por la erosión  existentes en la cuenca. Este hecho debería haber sido motivo suficiente para que no hubiera sido ubicado allí un camping.

Por todo ello, el funcionario del Servicio de Conservación del Medio Natural (COMENA) del Gobierno de Aragón, Emilio Pérez de Bujarrabal, Ingeniero de Montes, había emitido un informe negativo  a la instalación del cámping.

A finales del 2005 la sala de lo contencioso-administrativo de la Audiencia Nacional responsabilizó al Estado (Confederación Hidrográfica del Ebro) y a la Diputación General de Aragón como responsables de la tragedia, condenados a indemnizar con 11.265.987 euros a las víctimas del Camping “Las Nieves”.

El Tribunal reprochó a las Administraciones que no estudiaran ni valoraran el entorno natural en el que se construyó el camping, ni previeran los fenómenos naturales de carácter geológico que podían repercutir en la integridad de las personas allí alojadas y en sus bienes, estableciendo que la previsibilidad se podía detectar con estudios de los riesgos geológicos.

Dichos estudios debieran tener en cuenta, tanto los antecedentes existentes de hechos similares, que eran conocidos y en cierto modo estaban ya estudiados, como los elementos externos que se apreciaban en la tipología y en el espacio de ese concreto lugar escogido, poniéndolas en relación con la vulnerabilidad que caracteriza a esa actividad humana que allí se implantó. Vulnerabilidad específica que se había descubierto en la bibliografía geológica previa años antes.

La trágica riada supuso la desaparición de los diques de retención de sedimentos de la primera restauración. Sin embargo, las masas repobladas tuvieron un buen comportamiento de protección del suelo. Así, pese a las grandes intensidades de lluvia registradas, no se produjo erosión en las laderas.

Tras la tragedia se destinaron grandes sumas a una nueva intervención hidrológica en el Torrente de Arás. La necesidad y oportunidad de esta actuación resulta más que dudosa, ya que las laderas estaban estabilizadas y la cubierta forestal es homogénea y no había sufrido daños con la tormenta.

Sirva estas líneas para recordar la tragedia que ocurrió hace ahora 18 años y que posiblemente se pudo haber evitado si no se hubiera autorizado la ubicación de ésta instalación en una zona de peligro.

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Por Francisco J. Rodríguez Carricondo 

 Fuentes:

  • Wikipedia
  • Cadena Ser
  • http://antonioaretxabala.blogspot.com
  • Las Avenidas Torrenciales en Cauces Efímeros: Ramblas y Abanicos Aluviales (M.Guillermina Garzón Heydt, José Antonio Ortega Becerril y Julio Garrote Revilla)
  • http://www.territorioabandonado.org
  • http://redesdelmisterio.wordpress.com
  • http://www.lugares-abandonados.com

 

 

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