La sequía y una gestión poco eficaz ahogan el parque de L’Albufera

“Ahora tendríamos que ver la perellonà [inundación máxima del lago de L’Albufera], se debería de poder ir en barca por los arrozales y mírelo; están secos”, enfatiza Josep Cavaller, presidente de la Comunitat de Pescadors de El Palmar. El nivel del lago, joya del Parque Natural de L’ Albufera, empezó a caer en verano pero a finales de octubre, con la ausencia de las lluvias de otoño, saltaron las alarmas: el lago había retrocedido más de 23 centímetros y necesitaba caudal extra para recuperarse.

 

Josep Cavaller, presidente de la Comunidad de Pescadores de El Palmar / MÒNICA TORRES

 

La típica estampa del lago que, visto desde el aire, multiplica por cinco su extensión por la inundación de los arrozales que lo circundan, está inédita a estas alturas del año.

“Si no hay agua suficiente en el lago, no se debería bombear a los tancats [los últimos campos de arroz ganados a la albufera y situados por debajo del nivel del lago], ni a los cotos de caza porque todavía baja más el nivel”, dice como resumen de lo que ha pasado este año. Los intereses de L’ Albufera son mucho más amplios que los de los arroceros. Hay intereses culturales, medioambientales, pesqueros e incluso turísticos.

Acció Ecologista-Agró (AE-Agró), organización presente en la gestión del parque, coincide con el presidente de los pescadores y añade más causas del desastre. El bombeo de agua a los tancats, la mala gestión de la gola de Pujol [que comunica el lago con el mar] y la sequía de los dos últimos años explican la precaria situación de este paraje de incalculable valor ambiental, diagnostica el ecologista Víctor Navarro. AE-Agró exige que se convoque la comisión de la sequía para adoptar soluciones y que la cangrena del lago no vaya a más.

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