La crecida del Ebro: la historia de lucha entre el río y el hombre

Árboles ahogados, campos anegados, poblaciones en alerta. La última crecida del Ebro ha sido verdaderamente extraordinaria, pero es algo que ya había ocurrido antes, y seguirá ocurriendo en el futuro. ¿Por qué se producen las riadas? ¿Podemos evitarlas con dragados e infraestructuras hidráulicas? Técnicos y organizaciones conservacionistas lo dudan y advierten de que solo hay una solución posible: “Devolver al río su espacio”.

 

Crecida del Ebro en la provincia de Zaragoza.

 

Febrero fue un mes muy lluvioso en todo el norte peninsular. Según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), en la franja que se extiende desde Asturias hasta el norte de la provincia de Zaragoza se llegaron a superar hasta en un 200 por ciento los valores medios considerados ‘normales’ para ese mes.

En algunos puntos de Navarra, por ejemplo, se recogieron algunos días entre 250 y 300 litros por metro cuadrado. Estas precipitaciones de larga duración -y, a veces, intensas-, unidas a la fusión de la nieve y al deshielo, produjeron lo inevitable: un episodio de avenidas en el Ebro que puso contra las cuerdas durante más de un mes a cuatro comunidades autónomas (Aragón, Navarra, Castilla y León y La Rioja).

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