Sed de agua… y de energía

En 2014 Naciones Unidas está prestando una especial atención al nexo agua-energía en el ámbito de la cooperación. Alguien podrá preguntar: 1) “Agua vale, pero, ¿energía?”, y 2) “En todo caso, ¿por qué nexo?”. Respecto a la primera cuestión podríamos pensar que tiene sentido cuestionar el papel de la energía en el ámbito del desarrollo humano.

 

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En 2014 Naciones Unidas está prestando una especial atención al nexo agua-energía en el ámbito de la cooperación. Alguien podrá preguntar: 1) “Agua vale, pero, ¿energía?”, y 2) “En todo caso, ¿por qué nexo?”.

Respecto a la primera cuestión, y teniendo en cuenta, por ejemplo, que ninguna de las metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio incluía referencia alguna a la energía, o que el IV Plan Director de la Cooperación Española incluye solo 7 veces la palabra energía, en un documento de más de 150 páginas, podríamos pensar que tiene sentido cuestionar el papel de la energía en el ámbito del desarrollo humano, frente a otros temas ampliamente reconocidos como la nutrición, la salud o la educación.

Sin pretender, por supuesto, entrar a valorar la importancia relativa de estos y otros aspectos clave para el desarrollo, resulta indudable que tanto el agua como la energía son elementos indispensables para asegurar una vida digna, y ambos tienen claras relaciones con todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La importancia del agua para el desarrollo y para el cumplimiento de otros derechos humanos (alimentación, salud, etc.) es sobradamente conocida, y la de la energía también ha sido señalada en los últimos años por numerosas organizaciones, como la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el Instituto de Estudios para el Desarrollo de la Universidad de Sussex, la ONG internacional Practical Action o la propia Naciones Unidas, que impulsó a finales de 2011 la iniciativa Sustainable Energy for All, con el objetivo de promover el acceso universal a la energía, las energías renovables y la eficiencia energética.

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