Reforma al Código de Aguas: La crisis de gobernanza del Estado

La posesión privada de los derechos de agua mantiene al Estado sin poder administrar el uso de las cuencas en Chile.

 

El negocio desarrollado sobre la base del recurso vital mantiene a las comunidades en una situación critica de existencia. Mientras, la reforma al Código de Aguas todavía se encuentra en el Congreso y su aprobación sigue lejana.

En el país hay 101 cuencas hidrográficas, de las cuales 75, entre el 2008 y 2015, se han decretado con escasez. Esta es la realidad de Chile, un territorio que se encuentra en una profunda crisis hídrica que busca un respiro.

El actual Código de Aguas “fue creado en un contexto agrícola, con una visión extractivista en la que Chile se perfilaba como un banco de recursos naturales para el mundo, y sumado a esto, en el momento de su creación se comenzaba con la imposición constitucional de uno de los modelos neoliberales más feroces de Latinoamérica”, comenta preocupada por el futuro del país, Pamela Poo, cientista política que se ha dedicado desde 2014 a estudiar el proceso de reforma que vive nuestro país en esta materia.

Desentramar el por qué la reforma al obsoleto Código se ha retrasado tanto, se vuelve un ejercicio que se podría hacer con el modelo de AFP, salud, educación y vivienda. En estricto rigor, nos remite al mismo inicio, la Constitución de la dictadura, que se generó sobre la base de una privatización de todos los recursos y servicios del país.

La reforma o la muerte

Mientras en el Congreso la iniciativa de reforma al Código de Aguas se encuentra en segundo trámite, la situación de localidades como Petorca, La Ligua y el norte grande de Chile empeora y dificultan la vida de sus habitantes.

Según plantea Pamela Poo, “la reforma que se está planteando genera condiciones mínimas para que Chile pueda sobrevivir, ya que de seguir en la misma lógica es posible que en 20 años se devasten ciudades completas y que el territorio no sea apto para habitar”.

Por lo mismo, esta reforma plantea que debe primar el derecho humano al agua, algo que parece ser una reflexión lógica que hoy tiene discusión. Incluso, la nueva legislación que plantea el Ejecutivo como uno de sus bonos, no cambia en nada el carácter privado y mercantil de las aguas.

“En lugares como Antofagasta, el 70 por ciento de los derechos de aguas pertenecen a la gran minería, lo que no permite gestionar el agua. Esto explica el que las cuencas hídricas de Chile no tengan control del uso ni menos sepamos quiénes son los dueños de los derechos”, profundiza Pamela Poo, mientras explica los aspectos que esta nueva legislación plantea como reforma.

Que los derechos de agua sean privados impide al Estado tener un rol activo dentro de la fiscalización, gestión y control de las aguas que se utilizan en las diferentes cuencas hidrográficas. Aspecto que lo mantiene como un poder pasivo frente a la acción de los privados que utilizan su propiedad de derechos para gestionar, según sus intereses y en desmedro de las comunidades, quienes en diferentes lugares de Chile deben recibir el recurso vital por medio de camiones aljibes, generando un escenario crítico un nuevo mercado del agua.

El que el Estado haya perdido su rol de gestionar las aguas es lo que mantiene a buena parte del país en una emergencia, la que puede ser cada vez más compleja si esta situación no cambia. Incluso hoy las aguas de la Patagonia, una de las reservas hídricas mundiales, están en manos italianas, ya que la empresa ENEL maneja gran parte de los derechos de dichas cuencas hídricas.

Por otra parte, la reforma plantea que los derechos que se otorgarán ya no funcionarán en la lógica de entrega gratuita y a perpetuidad, sino que solo serán entregados por periodos de 20 a 30 años. Sin embargo, esta reglamentación no será retroactiva, por lo que el espacio para gestionar en este sentido se reduce solo al 10 por ciento que son los derechos que aún se encuentran disponibles para entregar.

En este sentido, el mercado de los derechos de agua seguirá estable para las empresas mineras y las grandes agropecuarias que no serán movidas de su estado de confort, ya que les permite explotar desmedidamente las cuencas hídricas que significan el sustento para miles de chilenos.

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