La sed en California es la evaporación global

En su informe de prospectiva de 2015, la Agencia Europea del Medio Ambiente sitúa la lucha por el agua como uno de los nuevos focos de tensión mundial en las próximas décadas. La agencia estima que para 2050, el 70% de la población mundial vivirá en grandes metrópolis, cuyos gobernantes tendrán que gestionar el estrés social que causará la escasez de recursos básicos.

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El agua será —lo es ya en muchos lugares— uno de ellos. La batalla que estos días se libra en California (Estados Unidos) por el reparto del agua ilustra bien sobre cómo pueden ser las batallas que se avecinan en un escenario de cambio climático.

Cuatro años de sequía han llevado al órgano regulador del agua a aprobar restricciones sin precedentes que obligan a las ciudades a reducir un 25% el consumo respecto del año anterior, lo que ha abierto un agrio debate. En California, restringir el agua supone rebajar el nivel de confort de una de las sociedades más avanzadas y ricas del mundo, capaz de construir un vergel en zonas donde solo había paisajes desérticos. La vista aérea de Palm Springs, por ejemplo, muestra una sucesión de grandes mansiones con piscinas y jardines enormes, rodeada del más seco de los desiertos. Las limitaciones ambientales han podido ser sorteadas hasta ahora gracias a la construcción de grandes canales que permiten trasvasar a la costa el agua que se almacena en las lejanas montañas del norte. Pero este invierno tampoco ha nevado, las reservas están bajo mínimos y las costosas conducciones ya no garantizan el caudal necesario.

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