La máquina que convierte el aire en agua ya opera en comunidad Aymara

Se trata de una tecnología chilena que convierte el aire en agua: el sistema captura las micro partículas de agua que se encuentran suspendidas en la humedad relativa para luego formar una nube y hacer llover

 

En el altiplano del país, a unos 3.500 metros de altura, se encuentra la comunidad Aymara de Copaquire, Región de Tarapacá. Caracterizados por ser nómades, el grupo se traslada por distintos sectores según la época del año, sobreviviendo a las condiciones climáticas que, a ratos, se vuelven adversas.

En ese contexto vive una familia Aymara que en cierta época del año camina hasta cinco horas para comprar bidones para el consumo de agua. No es que no haya a su alrededor. De hecho, existen vertientes, fuentes naturales de la que solían abastecerse, pero dada la presencia de minerales pesados dejaron de hacerlo.

Debido a eso, y sumando a que en cada invierno altiplánico el grupo familiar se ve aislado por los cortes de camino, la Corporación Norte Grande contactó a FreshWater. Se trata de una tecnología pensada por tres chilenos que crearon una máquina que convierte el aire en agua: el sistema captura las micro partículas de agua que se encuentran suspendidas en la humedad relativa para luego formar una nube y hacer llover. Luego, esa agua pasa por un proceso de filtrado, purificación y esterilización, pudiendo obtener hasta 28 litros de agua purificada por día.

Héctor Pino, uno de los creadores, cuenta que instalaron una máquina en enero de este año en el valle de Huatacondo. “Las personas no podían cocinar alimentos de forma normal dada su dureza. Los alimentos se impregnan de eso y no permite una cocción correcta. El efecto secundario eran malestares estomacales, diarrea, acidez”, explica.

El sistema abastece a la familia con entre 5 y 8 litros diarios en promedio. Y con eso le sobra, ya que se trata de un grupo compuesto por cinco personas que puede llegar hasta 15 los fines de semana. “Estamos en el altiplano, con una condición súper remota. Lo hicimos en el invierno boliviano, entre noviembre y abril, porque reúne condiciones favorables, hay una estacionalidad del clima más húmedo. Los otros meses son muy secos”.

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