La guerra del agua

25 calurosos días y miles de kilómetros después, hemos vuelto del Chad. Al menos nuestros cuerpos. Este es el sexto y último artículo que gracias al blog en EL MUNDO, nos ha permitido, durante unos días, ser voceros de los protagonistas de una de las muchas tragedias olvidadas de nuestro tiempo. En las profundidades subterráneas de ese país hay dos tesoros: el petróleo y el agua.

 

13914433207192Un niño bebe agua en la escuela de Godu (Chad).

 

25 calurosos días y miles de kilómetros después, hemos vuelto del Chad. Al menos nuestros cuerpos. Este es el sexto y último artículo que gracias al blog en EL MUNDO, nos ha permitido, durante unos días, ser voceros de los protagonistas de una de las muchas tragedias olvidadas de nuestro tiempo.

En las profundidades subterráneas de ese país hay dos tesoros: uno, el petróleo que explotan multinacionales cuya idea de la responsabilidad social corporativa es el bienestar de ejecutivos y accionistas. El segundo es el agua, al cual nos hemos dedicado con obsesión en esta oportunidad. Hemos hecho pozos y dejado la financiación para construir otros más en los próximos meses, en escuelas de poblaciones aisladas donde pocos niños acuden por no contar con agua potable para beber. Nombres como Godu, Bero, Beti, Ku, son ahora sitios donde la nueva fuente de agua nos permite empezar a prepararles una comida diaria en base a una papilla rica en proteínas y crear huertos para que los pequeños aprendan a cultivar y a no quemar la tierra. Nuestra ONG tiene ahora casi mil bocas más que alimentar.

El agua centrará en adelante nuestros proyectos en el Chad. En torno a ella todo lo demás tiene sentido. Un pozo puede salvar más vidas que un ejército de pediatras trabajando a destajo, además del enorme impacto social que conlleva.

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