Indígenas, afros y campesinos se unen para cuidar el agua en una ecoaldea

Por sus esfuerzos para preservar y restaurar la cuenca del río Mandivá, que surte a diez municipios, la ecoaldea del mismo nombre ganó un premio Planeta Azul 2017

Hace unos años, Mandivá, una vereda de Santander de Quilichao, era tierra de nadie. El conflicto llegó al norte del Cauca y se ensañó con ella. Los tiros de guerrilleros y soldados terminaron ahuyentando a las comunidades afros, indígenas y campesinas que vivían allí. Los que se quedaron se encerraron en sus casas y guardaron silencio. El campo se volvió sinónimo de miedo. Al bosque y a los ríos sólo se metían los mineros ilegales y hombres con motosierras dispuestos a talarlo todo.

Ese era el panorama cuando en 2010 la fundación Fundamor, de Cali, llegó al territorio con ganas de crear una ecoaldea. Ya habían desarrollado un proyecto de cultivos sostenibles, que capacitó a comunidades cercanas a Cali y al mismo tiempo les permitió dar alimentos saludables a los enfermos de VIH con quienes trabajan en la capital del Valle.

Fundamor había comprado 11 hectáreas llenas de bosques nativos y con tres nacimientos de agua. “La idea era crear un lugar para que la comunidad aprendiera haciendo”, cuenta Guillermo Garrido, su fundador.

Los primeros acercamientos con las comunidades fueron para entender sus necesidades. “La idea de la ecoaldea es resignificar el territorio, que la gente lo vea como una oportunidad. Busca empoderar a las comunidades a través del cuidado del medioambiente”, explica María del Pilar Catacolí, habitante de Mandivá desde 2015 y líder comunitaria desde entonces.

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