El género en la gestión del agua

En su reciente visita a México, Léo Heller, relator especial de la ONU sobre los derechos humanos al agua y al saneamiento, dejó clara su impresión sobre la situación apremiante del país respecto a la gestión de sus recursos hídricos

Entre otras cosas, exhortó al gobierno a “promulgar una ley de aguas actualizada”, cuya promulgación está pendiente desde el 2013,  y “cerrar la brecha entre las promesas constitucionales y la realidad”.

Días antes, durante el conversatorio “Agua y Género, México rumbo a los objetivos de Desarrollo Sustentable y la participación de las mujeres en los procesos de agua”, celebrado el 27 de abril pasado, los diputados se pronunciaron a favor de incluir la perspectiva de género en esta nueva ley de aguas. Las relaciones de género son un eje de organización social y desde hace décadas las desigualdades han sido expresamente reconocidas como un problema de injusticia social. En México la inequidad en la gestión del agua es una realidad que acompaña a la sociedad en diversas regiones donde el rol de la mujer es comúnmente ignorado.

Durante el conversatorio los participantes reconocieron que en el acceso “la brecha de desigualdad se amplía por los roles establecidos a la mujer”, y que “es importante retomar y visibilizar el tema de las mujeres y su participación en los procesos de agua”. Al respecto, en esta nota retomaremos la importancia del nexo entre las mujeres y el agua, y algunos aspectos clave de la incorporación del enfoque de género en la gestión del agua.

Lo básico sobre las desigualdades de género

El género es una categoría social que enfatiza las diferencias que no están biológicamente determinadas entre hombres y mujeres. Es decir, están social y culturalmente construidas. Las desigualdades tienen origen en una valoración diferenciada de la sociedad respecto a las características y actividades que desarrollan ambos, es decir su rol.

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